Policía
  • La última confesión de 'El Mochaorejas': el secuestro donde no cortó orejas y que tardó 26 años en recibir castigo

El Mochaorejas estuvo detrás del secuestro de un comerciante de jamones

Recientemente, Daniel Arizmendi López, 'El Mochaorejas', y su hermano, Aurelio Arizmendi López, fueron sentenciados a 25 años y seis meses de prisión cada uno.

El 8 de noviembre de 1997, un comerciante de jamones salía de trabajar de su empresa. Era buena hora, las 15:00 horas. Manejaba su Jetta negro a la altura de Cuemanco, al sur del Periférico, cuando otro vehículo le golpeó por atrás. Luego de la sorpresa, bajó a revisar los daños, que no resultaron de consideración.

Pero, según la investigación de MILENIO, cuando quiso subirse de nuevo a su vehículo, llegó una camioneta de color gris oscuro con vidrios polarizados, de la cual bajó una decena de hombres armados con pistolas.

Fue subido a empujones y lo acostaron boca abajo sobre el piso. Le vendaron los ojos con cinta adhesiva ancha, lo ataron de manos. Recuerda que alguien se sentó encima de su espalda para que no se levantara. Fue cuando escuchó por radio una voz masculina que decía:

“Párense, párense, porque yo voy a conducir”, según una sentencia dictada el 31 de marzo de 2026 por el Juzgado Segundo de Distrito en Materia Penal en el Estado de México. Media hora después llegaron a lo que parecía una casa, porque alcanzó a escuchar que abrieron un zaguán.

¿Quién fue el culpable?: El Mochaorejas

A 26 años, cuatro meses y 22 días de ese secuestro, por fin un juez federal condenó a Daniel Arizmendi López, El Mochaorejas, y a su hermano Aurelio Arizmendi López, a 25 años y seis meses de prisión cada uno por el plagio de ese empresario, quien según registros hemerográficos sería Luis Serrano, comerciante de jamones del Eje Rojo Gómez.

Antes de secuestrarlo, los operadores de Arizmendi habían vigilado a su víctima durante días enteros de aquel octubre de 1997.

Detención de Daniel Arizmendi
Daniel Arizmendi López, El Mochaorejas, era uno de los secuestradores más temibles de México.

El cuarto del baño, la cadena y la voz de Cuauhtémoc

Una vez que llegaron a la casa de seguridad, uno de los captores le dijo al secuestrado que se volteara hacia el excusado para retirarle la venda. Le advirtió que no volteara a verlos porque se trataba de un secuestro. Le preguntaron por los negocios de la familia, los coches, el domicilio, los dueños de la fábrica.

Le ordenaron que se quitara sus prendas y lo dejaron en ropa interior. Le dijeron que si su familia cooperaba no le pasaría nada, pero de lo contrario lo lastimarían e, incluso, lo matarían. Antes de cerrar la puerta por primera vez, le colocaron una cadena metálica con la que lo mantuvieron amarrado.

El hombre que llamó al padre de la víctima para negociar el rescate se identificó como Cuauhtémoc. Pidió inicialmente un millón de dólares. Tras seis días en negociaciones, la familia reunió 20 millones de pesos y 51 centenarios de oro.

El cuñado de la víctima traía el dinero en un costal de yute envuelto en bolsas de basura. Partía desde el estacionamiento del banco Serfin en calzada de Tlalpan, frente al Estadio Azteca. Era viernes de noche y había mucho tráfico.

Recuerda que recibió instrucciones por teléfono para entrar y salir del Viaducto Miguel Alemán varias veces, describir los anuncios que veía y detenerse en distintos puntos.

Llegó a las inmediaciones del Palacio de los Deportes, donde le ordenaron ir despacio por la lateral, con las luces intermitentes. Junto a una barra de contención, cerca de un corto túnel peatonal, esperaba una persona de complexión delgada, mediana estatura, cabello negro quebrado, chamarra café. Tomó el costal y desapareció por el túnel.

Esa misma noche, entre las 21:00 y 22:00 horas, el comerciante regresó a casa de su familia. Sano y salvo. Sin una oreja de menos, lo que en la historia de El Mochaorejas era una rareza.

Daniel Arizmendi siendo transferido a la prisión de Puerto Grande (AP)
Daniel Arizmendi siendo transferido a la prisión de Puerto Grande (AP)

“Yo soy la persona que lo plagió”

Muchos años después, y ya habiendo sido detenido Daniel Arizmendi, en una diligencia de careos realizada el 25 de junio de 2001 entre la víctima y el procesado, El Mochaorejas finalmente confesaría.

Frente a su víctima, el agente del Ministerio Público le preguntó a Arizmendi López quién había sido el responsable del secuestro. El expediente lo registra directamente: “Yo soy la persona que lo plagió”, declaró.

Y en otra diligencia, ante preguntas de su propio defensor, Arizmendi explicó cómo llegó a estudiar al empresario: “Fue estudiado por mí, porque un amigo mío trabajó en esa empresa hace como (varios) años”. Un informante dentro de la empresa. La banda siempre tenía informantes.

La confesión espontánea ante el juez fue la pieza que la sentencia consideró válida cuando casi todo lo demás había sido desechado. También pesó el testimonio de la víctima, quien reconoció la voz de Cuauhtémoc al escucharla en los audiocasetes de las negociaciones, años después, cuando Arizmendi apareció en televisión tras su captura. Un dictamen pericial de análisis de voz confirmó lo mismo: era El Mochaorejas.

Daniel Arizmendi "El Mochaorejas" (Cuarto Oscuro)
Daniel Arizmendi "El Mochaorejas" (Cuartoscuro)
Los que se fueron libres

El 31 de marzo de 2026 finalmente se llegó a una resolución del secuestro cometido en 1997. Aunque los hermanos Arizmendi fueron sentenciados, cinco de los siete coacusados fueron absueltos. No porque la jueza los considerara ajenos a la organización criminal, sino porque las pruebas con las que la fiscalía pretendía condenarlos resultaron nulas de pleno derecho.

Durante el proceso, gracias a que se documentaron por el Manual de Investigación y Documentación Efectiva sobre Tortura, Castigos y Tratamientos Crueles, Inhumanos o Degradantes, más conocido como el Protocolo de Estambul, se demostró que varios acusados fueron violentados físicamente tras su detención en 1998: golpes, vendas en los ojos durante días, amenazas contra sus familias.

Todo eso precedió a las declaraciones ministeriales que la entonces Procuraduría General de la República (PGR) intentó usar como prueba central durante casi tres décadas. La juzgadora las excluyó todas. Ninguno de los coacusados tuvo defensor con cédula profesional al momento de declarar ante el Ministerio Público. Firmaban personas sin título. La Suprema Corte definió esa situación como equivalente a no tener defensa alguna.

Sin ese caudal probatorio, no quedó señalamiento directo que los vinculara al secuestro. La jueza ordenó la libertad inmediata de Ernesto Mendoza Carbajal, Juan Ramón Frutos Aguilar, Dulce Paz Vanegas Martínez –pareja sentimental de Arizmendi–, Josué Juan Vanegas Martínez y Daniel Vanegas Martínez, todos identificados por la PGR como operadores de la banda.

Actualidad de El Mochaorejas: ¿Qué ha pasado? 

Daniel Arizmendi López tiene 67 años y lleva preso desde el 25 de marzo de 1999. Esta sentencia se suma a otras que acumulan condenas que suman más de 250 años por decenas de secuestros cometidos entre 1995 y 1998, cuando su banda aterrorizó el Valle de México con un método que lo volvió célebre: cortar orejas para cobrar rescates.

La jueza a cargo le impuso además una multa de 12 mil 563 pesos con 75 centavos, la cual deberá pagar. 

Fact checking: JRH

RM

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Laura Sánchez Ley
  • Laura Sánchez Ley
  • Es periodista independiente que escribe sobre archivos y expedientes clasificados. Autora del libro Aburto. Testimonios desde Almoloya, el infierno de hielo (Penguin Random House, 2022).
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