El impacto económico del delito en México acumuló 3.59 billones de pesos entre 2012 y 2024, un promedio de 30 millones de pesos cada hora, de acuerdo con la serie histórica de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe).
El costo del crimen se integra por pérdidas patrimoniales, gastos médicos derivados de agresiones y otros costos asociados a la victimización, dando como resultado una carga económica de gran magnitud para la sociedad mexicana.
Del periodo analizado por MILENIO se desprende que el delito generó un costo promedio anual cercano a 276 mil millones de pesos. Se trata de dinero perdido en robos, fraudes, extorsiones, daños a bienes y gastos relacionados con la atención a víctimas.
Los datos también muestran que el impacto económico del delito no ha disminuido en los años recientes; por el contrario, la serie registra sus niveles más altos al final del periodo analizado. En 2023 y 2024, el costo anual superó los 364 mil millones de pesos, el máximo registrado desde que se realiza la medición nacional.
Para realizar este análisis, el lapso que se eligió es en el que el Inegi homologó los parámetros de la encuesta en cuanto a características de las víctimas de delito, los delitos y los daños; el estudio permite un acercamiento a la presión económica que la criminalidad ejerce sobre millones de hogares en el país. La Envipe se realiza desde 2011.
Costo del delito crece 70% en 13 años
La evolución del costo económico del delito en México muestra un incremento sostenido durante la última década, ya que en 2012 el impacto anual se estimaba en 215 mil millones de pesos; sin embargo, para 2024 la cifra alcanzó 364 mil millones de pesos, lo que representa un aumento acumulado de 149 mil millones de pesos, lo que equivale a un alza de 69.6 por ciento.
Durante los primeros años del periodo analizado, el indicador mostró variaciones relativamente moderadas, pues entre 2012 y 2016 el costo del delito se mantuvo dentro de un rango que osciló entre 213 mil y 236 mil millones de pesos; pero la dinámica cambió en 2017, cuando el impacto económico del delito ascendió a 299 mil millones de pesos.
Ese incremento marcó uno de los saltos más pronunciados de toda la serie estadística y, a partir de ese momento, el indicador se instaló en niveles más altos.
Entre 2018 y 2021, el costo anual del delito se mantuvo en un rango que fluctuó entre 277 mil y 286 mil millones de pesos y la única caída visible en la serie ocurrió en 2020, que coincidió con las restricciones de movilidad provocadas por la pandemia de covid-19, pues se infiere que la reducción de desplazamientos disminuyó temporalmente algunos delitos y generó una ligera caída en el impacto económico, hecho que terminó siendo transitorio.
Y es que, a partir de 2022, el indicador retomó una tendencia ascendente; ese año el costo del delito alcanzó 319 mil millones de pesos, mientras que en 2023 y 2024 la cifra superó los 364 mil millones de pesos.
Pérdidas patrimoniales concentran dos tercios del impacto
Durante el análisis de MILENIO se pudo identificar también que, en la composición del costo económico del delito, la mayor parte del daño se concentra en las pérdidas económicas directas que impactan los hogares, siendo este el componente dominante del indicador.
Entre 2012 y 2024, las pérdidas patrimoniales derivadas del delito sumaron 2.29 billones de pesos aproximadamente, y este componente equivale a aproximadamente 64 por ciento del costo total del crimen en el país; es decir, dos de cada tres pesos del impacto económico del delito corresponden a dinero o bienes que las víctimas reportan haber perdido.
Las afectaciones incluyen dinero robado, bienes sustraídos, objetos dañados o costos asociados a delitos patrimoniales, y delitos como robos, fraudes, además de extorsiones, concentran buena parte de estos impactos.
Cabe señalar que el Inegi registra en su mayoría delitos reportados y no necesariamente denunciados, tomando en cuenta que la cifra negra en el país ronda entre 80 y 90 por ciento de los delitos.
La evolución de este componente muestra un incremento sostenido durante la última década, pues en 2012 las pérdidas patrimoniales se estimaban en 152 mil millones de pesos y, para 2024, el monto ascendió a 226 mil millones, lo que refleja el crecimiento constante de estos delitos, lo que significó un ascenso de 48 por ciento.
Aunque los delitos violentos suelen recibir mayor atención mediática, la mayor parte del daño económico ocurre en hechos cotidianos, pues es ahí donde se generan pérdidas directas que reducen el ingreso disponible de las familias.
Por esta razón, algunos analistas describen el fenómeno como una especie de impuesto criminal informal, pues cada delito implica una transferencia de recursos desde los ciudadanos hacia economías ilegales, en donde la suma de estas transferencias explica la magnitud del impacto económico del crimen.
Impacto en la salud
Los delitos, especialmente aquellos que se cometen con violencia, generan un impacto en la salud, dada la necesidad no solo de atender lesiones físicas, sino también aquellos hechos que constituyen un impacto en la salud mental; y aunque las pérdidas patrimoniales dominan el costo total del delito, también están los gastos médicos asociados.
Entre 2012 y 2024, estos gastos en salud sumaron alrededor de 130 mil millones de pesos. En el inicio del periodo analizado, es decir, en 2012, los gastos médicos derivados de la victimización —la Envipe estimaba— el total en 7.7 mil millones de pesos; sin embargo, para 2024 la cifra alcanzó 14.4 mil millones, lo que significó un incremento de 86.6 por ciento.
Durante varios años, el gasto se mantuvo dentro de un rango que osciló entre 7 mil y 10 mil millones de pesos, pero el comportamiento cambió en la década reciente, pues en 2022 se registró el punto más alto de la serie, cuando los gastos médicos asociados a delitos violentos superaron los 16 mil millones de pesos.
Zonas que concentran el costo del delito
Si se enfoca el análisis a cada entidad federativa, se muestra que los estados con grandes centros urbanos y economías regionales dinámicas concentran las pérdidas más elevadas, pues ahí se acumulan población, comercio, transporte y movimiento de mercancías, factores que también incrementan la exposición a delitos patrimoniales.
En contraste, los estados con menor densidad poblacional o menor actividad económica registran montos más bajos de impacto económico.
Esto no implica necesariamente menos delitos, sino un menor volumen de bienes, servicios y patrimonio involucrado en los hechos de victimización.
Un ejemplo claro es el Estado de México, que registra el mayor impacto económico acumulado del delito entre 2012 y 2024, con pérdidas cercanas a 489 mil millones de pesos; le sigue Ciudad de México, donde el costo económico del delito supera 355 mil millones de pesos en el mismo periodo. La capital concentra una intensa actividad comercial, financiera y de servicios, además de una alta densidad urbana.
En tercer lugar aparece Jalisco, con un impacto cercano a 270 mil millones de pesos en trece años y, en conjunto, las tres entidades acumulan la tercera parte del costo del delito estimado para el periodo de análisis.
Después de las entidades con mayor población, el impacto económico del delito también se concentra en regiones con intensa actividad industrial y logística; en estas zonas, el transporte de mercancías, la producción manufacturera y el comercio incrementan las oportunidades para delitos patrimoniales.
Nuevo León aparece entre los estados con mayor costo acumulado del delito, con más de 172 mil millones de pesos durante el periodo analizado. La entidad es uno de los principales polos industriales y comerciales del país.
Puebla registra también un impacto elevado, con más de 160 mil millones de pesos en pérdidas económicas asociadas al delito. Su ubicación dentro del corredor económico del centro del país explica parte de este comportamiento.
Mientras que en Guanajuato, el impacto acumulado del delito supera 155 mil millones de pesos entre 2012 y 2024. El estado forma parte del corredor industrial del Bajío, una de las regiones con mayor crecimiento económico en las últimas décadas.
Veracruz, por su parte, acumula más de 138 mil millones de pesos en impacto económico del delito y se puede considerar que su papel como entidad logística y portuaria influye en el volumen de pérdidas patrimoniales registradas.
Mayor costo en último sexenio
El impacto económico del delito en México no solo se mantiene como un problema persistente; también ha crecido en los años más recientes, pues los datos de la Envipe muestran que el costo acumulado del crimen fue mayor durante el sexenio 2018-2024 que en el periodo 2012-2018.
Entre 2013 y 2018, que corresponde a la administración de Enrique Peña Nieto, el costo económico total del delito acumuló 1,49 millones 506,570,025 pesos, mientras que para el periodo 2018-2024, correspondiente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la cifra ascendió a mil 887 millones 297,995,213 pesos.
La diferencia entre ambos periodos es superior a los 395 mil millones de pesos, lo que representa un incremento cercano a 26.5 por ciento entre los dos sexenios.
Durante la primera mitad del periodo analizado, el costo anual del delito se mantuvo relativamente estable, con montos que oscilaron entre 213 mil y 236 mil millones de pesos. Sin embargo, la tendencia comenzó a cambiar hacia el final de la década.
Uno de los primeros aumentos relevantes se registró en 2017, justo al cierre de la administración de Peña Nieto, cuando el costo económico del delito superó los 299 mil millones de pesos.
En 2020 se observó una disminución temporal en el costo económico del delito, aunque este comportamiento, como ya se expuso, coincidió con las restricciones de movilidad derivadas de la pandemia, que redujeron algunos delitos durante ese año.
El costo del delito volvió a crecer a partir de 2022 y alcanzó los niveles más altos registrados desde que existe la medición, mientras que en 2023 y 2024 el impacto anual superó los 364 mil millones de pesos.
Las pérdidas patrimoniales continúan siendo el componente más importante en el análisis de los dos últimos sexenios. Entre 2013 y 2018, las pérdidas económicas acumuladas por delitos sumaron 961 mil 664 millones de pesos, mientras que para el periodo 2019-2024 el monto aumentó a 1,175 millones 479,726,733 pesos.
La diferencia entre ambos periodos es de 213 mil 815 millones de pesos, lo que representa un incremento cercano a 22 por ciento y, a lo largo de la serie, este componente concentra aproximadamente dos terceras partes del costo económico total del delito.
Este patrón refleja que el impacto económico del crimen en el país se concentra principalmente en delitos como robos, fraudes y extorsiones, que afectan directamente el patrimonio de los hogares.
Otro componente que mostró cambios importantes fue el de gastos en salud derivados de la victimización y, aunque su peso dentro del costo total es menor, este rubro registró el mayor crecimiento proporcional entre los dos sexenios analizados.
Entre 2013 y 2018, los gastos médicos asociados a delitos violentos alcanzaron 51 mil 242 millones de pesos, mientras que en el periodo 2019-2024 la cifra aumentó a 71 mil 500 millones de pesos.
La diferencia es de 20 mil 257 millones de pesos, lo que equivale a un incremento aproximado de 39.5 por ciento entre ambos periodos, con lo que se infiere que este crecimiento sugiere una mayor incidencia relativa de delitos que implican agresiones físicas o atención médica posterior.
Se pierden casi 800 mdp diarios
El impacto del delito en México también se refleja en una pérdida masiva de recursos para la economía del país, pues 3.59 billones de pesos se vuelven más claros cuando se comparan con el gasto público federal.
Por ejemplo, el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 asciende a 10.19 billones de pesos, por lo que el dinero perdido por la delincuencia en el periodo analizado en el presente artículo equivale aproximadamente al 35 por ciento de todo el presupuesto anual del gobierno federal; es decir, casi 4 de cada 10 pesos de nuestros impuestos se pierde por culpa de la delincuencia.
Otra forma de dimensionar el impacto es compararlo con el gasto destinado a seguridad. El presupuesto federal para instituciones de seguridad, que incluye a las secretarías de Defensa, Marina, Seguridad y a la Guardia Nacional, ronda los 288 mil millones de pesos al año.
Bajo esa referencia, el costo acumulado del delito entre 2012 y 2024 equivale a más de doce años completos del presupuesto federal de seguridad pública, sin contar presupuestos que irían engarzados, como los destinados a la Fiscalía General de la República o al Poder Judicial Federal.
Las equivalencias también se observan frente al gasto social; el presupuesto de la Secretaría de Bienestar, que concentra los principales programas sociales del gobierno federal, se ubica en alrededor de 674 mil millones de pesos anuales.
En ese contexto, los recursos perdidos por la delincuencia en doce años equivalen a más de cinco años completos del presupuesto destinado a programas sociales federales.
Además, el monto del costo total del delito estimado por el Inegi equivale aproximadamente a tres veces el presupuesto federal anual destinado al sector salud o a más de un año completo de inversión pública en infraestructura, si tomamos los presupuestos de egresos más recientes.
Impacto frente al tamaño de la economía
El Producto Interno Bruto de México ronda los 31 a 32 billones de pesos anuales, lo que significa que el costo acumulado del delito en el periodo analizado equivale aproximadamente a una décima parte de toda la riqueza que produce el país en un año.
Si se observa el comportamiento anual del fenómeno, el impacto sigue siendo significativo, pues para los años recientes el costo económico del delito se ubica alrededor de 364 mil millones de pesos al año, lo que representa aproximadamente 1.1 por ciento del Producto Interno Bruto nacional.
Traducido a escalas más cotidianas, el costo del crimen implica pérdidas cercanas a los 800 millones de pesos diarios para la economía mexicana; esto significa que cada día el país pierde por hora 33 millones de pesos.
De manera que estas cifras muestran que el fenómeno de la criminalidad no solo tiene implicaciones en materia de seguridad pública, pues también representa una fuga constante de recursos económicos para hogares, empresas y gobiernos, que se refleja en pérdidas patrimoniales, gastos en medidas de protección y costos asociados a daños físicos y atención médica.
En conjunto, el análisis revela que el delito en México no solo produce violencia o inseguridad, pues también genera un impacto económico de escala nacional, capaz de absorber recursos equivalentes a grandes partidas del gasto público y a una proporción significativa de la economía del país.
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