Cuando los hijos crecen surgen nuevas narrativas, sentimientos y significados para quienes ejercemos la maternidad: podemos experimentar satisfacción de haber cumplido con la crianza o convertirnos en jueces implacables por no haberlo hecho de manera “perfecta”, o quizá nos ocurran ambas situaciones.
Lo cierto es que la independencia de los hijos puede provocarnos sensación de vacío y de pérdida de propósito, pero yo prefiero verlo como la oportunidad para seguir creciendo y mejorando como mujer y madre.
Nunca dejamos de ser madres, sin embargo, es necesario comprender que nuestra relación con los hijos evoluciona.
Si queremos que el espacio familiar sea seguro, es fundamental cuidar nuestra salud emocional y dar sentido a nuestra nueva vida.
Esta etapa reta a tomar decisiones de cómo seguir adelante sin los hijos… y ser felices.
Algunas optan por continuar con la crianza de nietos, otras se incorporan a una actividad laboral o siguen con sus estudios.
Lo más importante es que la decisión sea personal, sin la imposición de otros.
Hay que tener presente el objetivo de reconstruir una identidad que vaya más allá de la maternidad, no buscar ejercer el control en la vida de los hijos por falta de un proyecto individual, pues se convertirá en una situación tóxica que los alejará.
Ser madre de adultos implica nuevos retos: respetar sus determinaciones y las relaciones que eligen, y estar atentas a escuchar o aconsejar cuando así nos lo soliciten.
Trabajemos en que el vínculo que nos une se transforme en un proceso de acompañamiento para el desarrollo mutuo, en el que seguimos desarrollándonos tanto la madre como los hijos.
Para que haya una reconstrucción del rol materno tal vez ayude preguntarnos: ¿Quién soy yo ahora que mis hijas o hijos no me necesitan de igual manera?
¿De qué manera precisa transformarse mi relación con ellas o ellos? ¿Qué límites necesito aprender a poner? ¿Cómo escucho sin juzgar? ¿Cómo organizo mi vida? ¿Qué tipo de madre quiero ser? ¿Cómo acompaño sin resolver?
La maternidad en la adultez de los hijos es un duelo invisibilizado y poco acompañado.
Admiro y valido a tantas mujeres que cada día luchan, junto conmigo, para aprender a vivir con él.
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