Cultura

La crítica de arte

Como casi todos recurro al paliativo de la televisión para pasar las horas de confinamiento a las que nos tiene sometidos la pandemia del covid-19. Miento, la televisión, en su versión abierta, la desconozco casi por completo; sus sustitutos, la televisión de paga (cable) o más recientemente las redes sociales, son las que más frecuento, y de entre estas, los canales y videos de YouTube son de los más solicitados. Pues bien, en esta ultima plataforma se ha subido, supongo que recientemente, una serie de videos que contienen unas teleconferencias en las que participan tres españoles y un mexicano (no es chiste): Rafael López, Fernando Castro, un pintor, Rai de Horna, mejor conocido como Rallitox, y Francisco Soriano Fernández.

La temática, como se podrán imaginar, es sobre arte. Independientemente de lo que nos puedan parecer las ideas que ahí exponen y discuten, hay que reconocer que se encuentran bien informados y actualizados, son valientes, e intentan explicar y comentar, desde diferentes perspectivas, aquellos temas que les parecen más trascendentes e importantes respecto, siempre, al arte.

El último de estos videos que he visto lo dedicaron a la crítica de arte. Por lo que ahí se dijo y lo inquietante del tema es que me atrevo a volver a tocarlo en estas líneas. Por supuesto no busco debatir lo dicho por los intrépidos cibernautas, sino a partir de lo ahí comentado, hacer un par más de apuntes.

He dicho que el tema resulta inquietante, pues a pesar de lo mucho que se dijo sobre él, especialmente a lo largo del siglo XX, y de las explicaciones que aún van y vienen sobre su función, objetivos, naturaleza y consecuencias, siempre llama la atención, pues parece que es imposible no tomarlo en cuenta al hablar de arte.

Como del arte mismo, durante el siglo pasado se habló, una y otra vez, de la muerte de la crítica de arte, sin embargo, fue a fines de la última década del XX, que esta –la muerte de la crítica de arte– pareció un hecho, no solo consumado, sino hasta verdadero, y es que en esos años la figura del curador empieza su espectacular ascenso, al grado no solo de asumir una de las funciones del crítico de arte, sino a desplazarlo abiertamente. Fue entonces cuando nos olvidamos de los críticos y todos quisimos ser curadores por más que hubo voces que advertían que se estaba malentendiendo el papel del curador.

Pues bien, cuando exposiciones, bienales, salones, concursos, becas, galas y otros, desde las alturas de las más finas e influyentes salas de exposición, hasta la más rascuache piquera en que se colgaran pinturas, giraban en torno de la figura del curador, viene la maldita pandemia (todo esto lo aprendí de mis colegas del YouTube) y lo primero que hace es acabar con la forma de vida de los más famosos –y los no tanto– curadores al impedirles seguir viajando por todo el mundo. Y, enseguida, el golpe mortal a su principal actividad, el cierre de museos y demás centros culturales en donde se concentre el público. Así pues, en término de un año, se acabó la figura de estos personajes que organizaban exposiciones con su nombre por delante, otorgaban premios y reconocimientos, seleccionaban productores según los compradores y eran pieza clave en el mercado del arte.

Ante este declinar muchos vuelven a ver al crítico de arte o lo que queda de él que, aunque fuera dado por muerto, algo ahí se sigue moviendo, lo que anima a hablar de un renacer de la crítica de arte.

Por mi parte, prefiero ser cauto. No sé si vaya o no a reactivarse la crítica de arte tal y como la conocimos en el siglo XX –como una disciplina de las humanidades–, ya que, y en esto no dejo de insistir, el mundo ya no el mismo, ni lo será; nos enfrentamos, por todo lo acontecido recientemente, a una o unas nuevas realidades, me inclino por tanto a pensar más bien en la figura de un nuevo personaje que tome lo mejor de la crítica de arte tradicional, de la curaduría en su mejor sentido y que posea habilidades y conocimientos suficientes, como requiere y requerirá el uso intensivo de las plataformas digitales.

Así como la producción artística, al menos una parte importante de ella se encamina al uso (como medio de producción o de promoción) de los medios electrónicos, y el mercado del arte hace sus correspondientes ajustes para seguir vendiendo a través de las redes, la crítica, las galerías, museos y demás instancias dedicadas a la circulación de los objetos simbólicos, tendrán que hacer lo propio o serán, poco a poco, sustituidos por la viene con la nueva realidad. 


moyssenl@gmail.com

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Xavier Moyssén Lechuga
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