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Creo que ya había escrito por aquí que mi padre pasó de ser zurdo a referirse a ese espectro como “zurdos de mierda”.

Supongo que ingresar en la sala de emergencias por una crisis hipertensiva y casi ver cómo el sodio de tu cuerpo ilumina el camino hacia la luz es una experiencia tan escalofriante como para darles la espalda a tus ideales. Si es que alguna vez los tuviste o fueron sólidos y no sólo una pose juvenil. Por suerte, mi jefe la libró. Desde su recuperación, come casi sin sal, camina un par de horas y descansa dándole likes a publicaciones que promueven el voto republicano entre latinos afincados en los Estados Unidos, que creen que la homosexualidad es parte de un plan siniestro para perturbar la infancia, o a imágenes de mujeres exuberantes como las de los calendarios de talleres mecánicos, pero generadas con el algoritmo más vulgar y básico de la inteligencia artificial. A veces cree que se trata de mujeres reales.

Dio el rucazo mal. Lo entiendo, no todos pueden ser Ballard. En una entrevista, J. G. Ballard dijo que es algo casi natural sustituir las obsesiones por el miedo conforme la vejez acumula arrugas. Si algo define a la derecha es su capitalización del miedo. Pero él, sin embargo, se radicalizaba en sus posturas de toda la vida. Yo sigo creyendo que la intransigencia estática es, al final, una fórmula de conservadurismo.

Tengo que machacarme los nudillos con los dientes cada vez que veo una de sus publicaciones en su muro. Prefiero ver el porno de Brian Bonds, con el que ando obsesionado en las últimas semanas que ponerme a debatir con un adicto a las paranoias de la derecha. He descubierto, sin embargo, que una forma saludable de desintoxicarme del neoconservadurismo de mi padre en sus redes sociales es buscar videos de Man or Astro-man?, Sugar, Nada Surf o The Sundays en YouTube para evadirme con esa música de placeres panorámicos y electrizantes.

Show de MTV conducido por Kennedy
Show de MTV conducido por Kennedy

Así fue como el algoritmo me arrojó un video que acumulaba tres horas de Alternative Nation, el show de MTV conducido por Kennedy, proveniente de un VHS en el que habían grabado hasta los comerciales que rotaban en 1993. Se me fueron las tres horas exactamente con la misma fascinación que el 93, cuando “Alternative nation” se transmitía a las nueve de la noche por la señal del Telecable de la Laguna, hora de Torreón, Coahuila, con la única diferencia que sobre los comerciales viejos, el YouTube interrumpía la transmisión con dos minutos de publicidad actual, medicamentos que anuncian como si fueran vacaciones, casas de apuestas y los candidatos a los distritos de San Francisco en las próximas elecciones del 5 de noviembre.

Finalizado ese clip, la selección automática reprodujo el siguiente video, una hora y media del programa “120 minutes”, también de la MTV, focalizada en el rock alternativo, aunque más oscuro y subterráneo.

“Alternative nation” fue mi escuela nocturna en el sospechosamente novedoso género del rock alternativo. Ahí escuché por primera vez a los Stone Temple Pilots, a Alice in Chains y a Love Battery, la banda de Seattle que sigue esperando la justicia histórica que merece su sonido. También al proyecto que me empujó a salir del clóset: Porno for Pyros. En “120 minutes” descubrí a los grupos que definirían mis puntos de vista y mis convicciones homoreróticas: Black Flag, Social Distortion, Dead Kennedys, The Rollins Band, Sonic Youth y Dinosaur Jr.

De hecho, era la una de la madrugada cuando en uno de los posteos del programa “Dream time” de 1992 apareció el video de “The wagon” de Dinosaur Jr., la adrenalina se disparó con la misma intensidad y excitación que cuando desperdiciaba las madrugadas en 1992 y la banda de J Mascis era un hallazgo fresco. Qué encabronadamente bueno era escuchar y ver sonidos que nunca antes habían taladrado mis tímpanos. Era como darte tu primera porno.

Esos clips pertenecen al canal Rewind Vault de YouTube, cuyas publicaciones son decenas de horas de material de MTV y VH1 grabado en VHS que abarcan desde la década de los ochenta hasta mediados de los 2000. En su descripción agradecen a todas las bandas y artistas que no reclaman regalías por sus videos ahí publicados y advierten que Rewind Vault no monetiza ninguna de las visitas, los “me gusta”, ni las suscripciones al canal y que la publicidad insertada está fuera de su control.

Llevo un par de semanas en que lo único que veo en YouTube es el amplio catálogo de Rewind Vault. La tecnología al servicio de la nostalgia personalizada. Nunca imaginé que, 40 años después, la evolución digital me aventara de nuevo a los sencillos rituales del pasado, en los que sin teléfonos inteligentes cualquier noche de MTV y caguamas era una aventura. Con la única diferencia que ahora puedo congelar la imagen cuando voy por una cerveza sin correr por miedo a perder algo.

No sólo soy yo. Películas como “Teenage sex and death at camp Miasma”, con tributo a Counting Crows; series como “Nadie nos va a extrañar”, “¿Quién mató a Paco Stanley?” y la más reciente sobre Timbiriche son muestra de una involuntaria propulsión a mirar al pasado, acaso porque la realidad se agota con la misma velocidad que una story de Instagram.

Por cierto, Kennedy, Kennedy Montgomery también dio el rucazo mal. Terminó como comentarista en Fox News. Aunque a diferencia de mi padre, nunca dio bandazos equivocados. Recuerdo su irreverencia republicana. Alguna vez dijo que extrañaba a Nixon. Pensé que era una de esas provocaciones adolescentes. Tenía unos arranques histéricos frente a la cámara y la odiaba cuando le coqueteaba al Henry Rollins.

Por cierto, la Kennedy también envejeció mal.


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Wenceslao Bruciaga
  • Wenceslao Bruciaga
  • Periodista. Autor de los libros 'Funerales de hombres raros', 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' y recientemente 'Pornografía para piromaníacos'. Desde 2006 publica la columna 'El Nuevo Orden' en Milenio.
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