Sociedad

La marcha virtual: el futuro está fuera de moda

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Ante la ausencia de un recorrido físico, un grupo de productores y medios especializados en audiencias de diversidad sexual se arrojaron a la aventura de organizar la 42ª Marcha del Orgullo Lgbttti de la Ciudad de México en formato virtual: diez horas de transmisión a través de un canal de YouTube que combinó la acartonada y chillante mezcla de los escritorios falsificados y asépticos a lo CNN con la cursilería humillante del Teletón y el talento prefabricado de Siempre en domingo, con Thalía dando el banderazo de salida, un acto que bien podría ser considerado una provocación discriminatoria para quienes somos parte del #TeamPau.

La marcha virtual sin duda fue un éxito de rating al lograr sostener una audiencia en tiempo real de 10 mil personas conectadas a la transmisión. Tomando en cuenta que tengo muy buenos amigos y, aún más asombroso, enemigos que participaron en la producción y excepto por el abordaje frontal, de las problemáticas trans desde sus propias voces, algunos repasos históricos a los orígenes de la marcha desde el Stonewall Inn desde Nueva York y la reflexión sobre la homofobia fuera de la Ciudad de México, no puedo evadir el hecho de que el experimento me pareció un distópico esfuerzo, acaso inconsciente, de hacer del orgullo Lgbti un espectáculo televisivo explícitamente familiar, con todos los responsables valores que eso obliga: pretender resolver los complejos problemas del colectivo desde la comodidad de la fantasía, utopía jerarquizada, humor higiénico, el redundante y subliminal mensaje de adoptar los buenos modales como una forma de acabar con la discriminación y, desde luego, el eco de los patrocinadores haciendo de la solidaridad e inclusión laboral un vulgar estudio de mercado. La confrontación de ideas, el diálogo diverso, el aterrizaje de problemas de compleja actualidad como la situación del Conapred o el recorte a los programas de VIH de la Comisión Nacional de Derechos Humanos derivados de la inexacta austeridad de la 4T, eran temas que se sentían como oyentes incómodos que no estaban a la altura de los números musicales de OV7 o Jesse & Joy.

Tampoco me sorprende el rumbo que tomó la edición digital. Después de todo, la constante en la historia de la marcha del orgullo capitalino ha sido el desapego a brotes contraculturales. Incluso en los años donde la protesta de calibre proletario era el motor por encima de la fiesta y el desmadre, como la década de los ochenta, las corrientes alternas solo orbitaban como satélites sin posibilidad de empatía, aun cuando existían abiertos aliados de la causa gay como la banda de reggae El Personal o Rita Guerrero de Santa Sabina. Las letras sobre marginalidad y rechazo de los históricos Rebel D’Punk, surgidos de las entrañas de la San Felipe de Jesús, al oriente del entonces Distrito Federal, tenían más brutales coincidencias con las consignas de los primeros activistas gays y organizadores de la marcha del orgullo que cualquier bolero de Eugenia León o Astrid Hadad. Luego entonces, la evolución a Lucía Méndez, Gloria Trevi o Thalía como embajadoras o reinas de la marcha no me suena tan descabellada.

Hubo momentos en que dejé que la marcha hablara sola y preferí hundir la tarde en el libro de Braulio Peralta Otros nombres del arcoíris, publicado por Ediciones B, donde me topé con esta frase que en la cruda del último de sábado de junio se lee como un deber pertinente: “No podemos abandonarnos, sería un desastre olvidarnos. Tenemos la misma causa, gustos semejantes y opiniones diversas por sistema. Pero hemos de luchar juntos, ayer, hoy, siglos de respirar, rumiando la misma paradoja o, a veces, nos arrebatamos la palabra y hasta nos atacamos absurdamente por la misma canción. Una cosa es cierta: ninguno de nosotros aceptaría los dudosos honores del proselitismo a Provida. Es hora de enfrentar la realidad del nuevo siglo”.

La realidad del nuevo siglo, interrumpida por la perplejidad de un nuevo coronavirus que nos mantiene en arrestos domiciliarios para salvaguardar la especie, consiste en la 42ª Marcha del Orgullo de la CdMx virtual conducida sobre todo por la pasarela de jóvenes estrellas streamers de las redes sociales, algunas de ellas también activistas según se describen y presentan en sociedad. Por momentos era más cruel y divertido leer a los tuiteros acribillando a instagrameros y viceversa, aunque al final coincidían en no ser convocados para moderar algunos de los segmentos de la marcha virtual. Exigían su lugar basándose en la cantidad de seguidores, pues por lo visto hay un segmento del colectivo rosa para quienes lo más importante es la refracción de sus avatares en redes sociales. Todo ese matadero de egos digitales dotaba a la transmisión de una sensación por acelerar lo mediático, de hacer del futuro una tendencia fuera de moda mientras parecía respirarse, aunque sea de forma closetera, un fashionista rechazo, casi gerontofónico, a voces que han sido fundacionales en el activismo Lgbt nacional y que bien pudieron aportar una perspectiva histórica para entender dónde chingados estamos parados cuando somos parte de una marcha del orgullo, física o virtual. 


Twitter: @distorsiongay / stereowences@hotmail.com

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Wenceslao Bruciaga
  • Wenceslao Bruciaga
  • Periodista. Autor de los libros 'Funerales de hombres raros', 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' y recientemente 'Pornografía para piromaníacos'. Desde 2006 publica la columna 'El Nuevo Orden' en Milenio.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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