La historia que nos ha contado el partido en el poder es bien conocida: ellos arrasan en las contiendas electorales porque el pueblo se ha rebelado contra las injusticias del neoliberalismo formando un movimiento de entusiasmo y esperanza que se llama Morena.
El problema de esta historia es que es demasiado optimista pues se basa en el supuesto de que el pueblo está politizado, invertido en la vida pública partidista y legítimamente interesado en las propuestas de Morena.
Los datos no muestran evidencia de ello. Por el contrario, la postura política más común en México continúa siendo la apatía: el no-pueblo.
El no-pueblo mexicano no es parte de movimiento político alguno, por el contrario, se vive a sí mismo fuera de ellos y de la política. De hecho, el 72% de los mexicanos están poco o nada interesados en la política, y el 81% reporta que nunca o casi nunca habla de política, de acuerdo con el Latinobarómetro. La participación en las elecciones es, además, muy baja. De un padrón electoral de 95 millones de votantes potenciales, típicamente solo el 62% vota en las elecciones presidenciales. En las intermedias, el porcentaje cae al 48%, menos de la mitad.
El no-pueblo, que es la mayoría, no habla de política y no le importa la política. Sus preocupaciones son el día a día, y no encuentran ni en Morena, ni en nadie, una fuente de profundo entusiasmo. De hecho, el 76% de los mexicanos no se siente identificado con ningún partido político y el 42% está tan decepcionado de la política que considera que las elecciones no ofrecen opciones reales para elegir entre partidos y candidatos. El pueblo es más apático de lo que Morena nos ha querido hacer creer.
De hecho, si las campañas políticas cuestan tanto es precisamente porque los políticos saben que el no-pueblo abunda, y que ante ello, para ganar una contienda es necesario movilizar mediante organizadores profesionales, negociaciones y apoyos.
Esto es evidente cuando observamos el impacto que tienen los gobernadores en la cantidad de votos que se movilizan. Algunos estudios sugieren (El País, Viri Ríos) que, tener un gobernador morenista aumenta en 7 puntos porcentuales la cantidad de personas que salen a votar en favor de Morena. Este aumento se debe a que los gobernadores tienen control de importantes redes de movilización de votos.
Tampoco me parece correcto el decir que existe un rechazo absoluto al neoliberalismo en México. Si bien la mayoría de los mexicanos preferiría un estado con mayores recursos y mejor calidad en los servicios públicos, la mayoría también piensa (Foco económico / Percepciones de Desigualdad y Movilidad Social en México) que paga demasiados impuestos. De hecho, al ser encuestados, los mexicanos estiman que pagan el 39% de sus ingresos en impuestos, cuando en realidad, su pago efectivo es cercano al 22%. El mexicano no tiene una preferencia por el estado grande, y de hecho, en múltiples aspectos, las preferencias de política pública de los mexicanos de bajos y medios ingresos, tienen a favorecer el status quo (más que un cambio radical), como mostré en el capítulo “democracia desigual” de mi libro No es Normal.
Hay demasiado optimismo en Morena cuando cree que son un movimiento de base que ha logrado convencer al gran electorado. No tengo duda de que López Obrador lo hizo, pero eso no quiere decir que eso vaya a trascender. La mayoría del electorado mexicano es el no-pueblo. El pueblo al que despertó Obrador es, lamentablemente, todavía una minoría.
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