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Miércoles , 20.03.2019 / 18:07 Hoy

Interés Público

El miedo al populismo

Víctor Reynoso

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Las encuestas fallaron. O dicho de otro modo, los datos recabados por los encuestadores no coincidieron con los resultados de las urnas españolas el 26 de junio, el 26-J. El gran perdedor fue la coalición Unidos-Podemos, que según las encuestas desplazaría al Partido Socialista Obrero Español del segundo sitio en el Parlamento ibérico. Quedó en tercer sitio, con poco más del 20% de los escaños. El PSOE tuvo la elección más baja de su historia, pero contrariamente a lo que indicaban los estudios demoscópicos siguió el segundo lugar con 24.3% de las diputaciones. Otro perdedor, Ciudadanos, sólo logró el 8.9%. Y el ganador fue el Partido Popular, con 39.1% de las diputaciones.

La novedad de estos resultados es el freno a los partidos “emergentes”, Unidos-Podemos y Ciudadanos. Con sorpresa vieron que los resultados no los favorecían. Como siempre no hay interpretaciones fáciles para estos datos. Lo más visible o más probable es que el crecimiento de Unidos Podemos, que es visto por algunos como una opción con tintes populistas y demagógicos, haya fortalecido al PP y al PSOE y debilitado a Ciudadanos, algunos de cuyos simpatizantes optaron por el voto útil a favor del Partido Popular, para evitar el triunfo o fortalecimiento de la opción populista.

Otra interpretación señala que el mismo temor ante la opción vista por algunos como populista y demagógica, electores que usualmente no votan, salieron esta vez a votar. Lo que implicó que los simpatizantes de esa opción se abstuvieran en proporción importante, pues el porcentaje total de participación electoral bajó, siendo el menor en la historia electoral reciente de España.

Una tercera interpretación, no incompatible con las anteriores, es que Unidos Podemos moderó tanto su discurso, se trasladó de la izquierda al centro político, que decepcionó a sus seguidores y éstos se abstuvieron de votar. Una más, que atormenta el interior de Podemos: que la alianza con Izquierda Unida fue un error que restó votos. O que su estrategia electoral fue equivocada.

Hay que recordar que España es un sistema parlamentario, en donde el poder ejecutivo y el legislativo no están divididos a la manera americana. A diferencia de lo que ocurre en América Latina y en Estados Unidos, sistemas presidencialistas, en los sistemas parlamentario no se vota por un lado por el presidente y por otro por el poder legislativo. Se vota sólo por los diputados, de donde saldrá el presidente.

Para ello hay que tener mayoría absoluta. El Parlamento Español tiene 350 diputados, la mayoría absoluta es de 176. Con sus 137 diputados el PP está lejos de ese número. Sumando los de su aliado más probable, Ciudadanos, tendría 169. El apoyo del PSOE y de UP se ve improbable o al menos difícil. Así que habrá un espacio de negociación de donde saldrá el nuevo gobierno español, equivalente al poder ejecutivo.

Algunos descansan al ver alejarse lo que ellos consideran el riesgo de un poder irresponsable. Otros se desaniman porque los partidos tradicionales, la partidocracia, perduran. Por ahora. Independientemente de estas perspectivas, lo deseable es que los políticos se acerquen a la sociedad, no por llamadas a misa, sino porque su permanencia o acceso al poder depende de ella, vía votos. Ya se demostró.

A pesar de estos resultados, que pueden considerarse conservadores (mantienen a los dos principales partidos políticos en los primeros lugares) consolidan un cambio radical en el sistema de partidos español después del franquismo: el fin del bipartidismo.

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