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Viernes , 19.04.2019 / 13:49 Hoy

El Pulso

Las dos caras del bienestar

Víctor Martínez Lucio

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El dinero ahí está, ya se reparte, pero mal. Algunos lo necesitan y no lo reciben, a otros les sobra y aun así lo aceptan.

Los programas de bienestar se caracterizan hasta hoy por su desorden y su falta de filtros, defectos que los igualan con el pasado, el pasado sucio de Sedesol.

Es un hecho que en nuestro país hay muchos sectores en amplia desventaja, necesitados de un paliativo que aminore la desigualdad y la falta de atención que vienen arrastrándose con los años.

Desde hace tres meses y medio vivimos ante un gobierno que llegó hasta ahí con la bandera de reducir esta brecha heredada y agudizada en los últimos años.

Para ello se hizo universal el programa llamado Bienestar, o sea para todos sin excepción alguna, mayores de 68 años, sin dejar fuera a los beneficiarios ya inscritos, y se metió en la misma lista a los demás sectores que así lo requieren.

Para evitar el uso electorero de los recursos se cambió también la mecánica de entrega del dinero, ya no a través de Sedesol, dependencia que ya no existe, ni a través de líderes que luego se volvían intermediarios insensibles que “rasguñaban” los recursos y entregaban mucho menos. El resto se iba a sus bolsillos.

Se emprendió para todo esto un censo en todo el país y como primera etapa se buscó redoblar esfuerzos.

El día de poner a prueba la nueva fórmula llegó y desafortunadamente algunas cosas no han cambiado. Ayer volvieron las largas filas en las oficinas de Telecom, donde cientos de personas de edad avanzada acudieron bajo cita a cobrar la ayuda con el sistema de giro.

Aun no se superan esos detalles, fueron horas bajo el sol, haciendo filas y, por si fuera poco, para las 11 de la mañana, en Apodaca, ya no había dinero.

Esto ya pasaba antes, ya se hacía esperar a esta gente, ya se les maltrataba y se les hacía pasar frío intenso o calor agobiante; ahí no hay cambio hasta ahora.

Pero la otra cara del bienestar también tiene claroscuros. Miles de personas que tienen dinero para vivir cómodamente, cuentan con su tarjeta y algunas ya están recibiendo ese dinero.

No lo devolverán, por supuesto, y en términos legales no tienen que hacerlo, puesto que el programa es para todos, tengan o no tengan.

Hay quienes se defenderán diciendo que también son mexicanos, que ya trabajaron por el país, que pagaron impuestos y que es mejor recibirlo a que se lo quede el gobierno.

Es una cuestión de conciencia, de humanidad, de autocrítica, o en todo caso de sentido común, pero el sentido común no es el más común de los sentidos.

Así transcurre la primera etapa del programa social insignia del nuevo gobierno, muchos dirán que ya pasaba, que ahora se busca hacer las cosas mejor, que es un proceso. Si es por ahí entonces seguiremos esperando el cambio, continuaremos con la idea de que la intención es buena. Aunque no siempre la intención es lo que cuenta

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