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Los gobiernos no regalan derechos

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Hay algo profundamente equivocado en la manera en que hemos aprendido a mirar la obra pública.

Cada vez que un gobierno entrega una vivienda, inaugura un hospital, construye una escuela, pavimenta una calle o acerca un programa social, la escena suele estar acompañada de discursos, fotografías, aplausos y agradecimientos.

Como si aquello que se entrega fuera una concesión personal de quien ocupa temporalmente una oficina pública.

Pero no.

Una obra pública no es un regalo del gobernante. Es la materialización de un derecho y el cumplimiento de una obligación del Estado.

Una vivienda digna, el acceso a la salud, la educación, los servicios públicos y la infraestructura forman parte de las responsabilidades que las instituciones deben atender con recursos que pertenecen a todos.

El problema comienza cuando una obligación pública se convierte en propaganda de agradecimiento político.

Porque entonces la fotografía del funcionario termina desplazando al ciudadano que, en realidad, es el destinatario de esa inversión. El gobernante aparece como benefactor y la sociedad termina colocándose, equivocadamente, en el papel de beneficiaria de una concesión.

No debería funcionar así.

En una democracia, los ciudadanos no reciben favores de quienes gobiernan. Exigen resultados a quienes fueron elegidos para gobernar.

Y aquí aparecen los tres niveles de gobierno. El municipio tiene responsabilidades que cumplir; el estado tiene las propias; la Federación tiene otras. Cada uno administra recursos públicos, tiene atribuciones específicas y está obligado a responder por ellas.

La suma de esas responsabilidades constituye al Estado, no una colección de favores personales.

Por eso también habría que cambiar la manera en que entendemos las inauguraciones.

Una obra pública no debería medirse por los aplausos del día en que se corta el listón, sino por la calidad del servicio que ofrece cuando las cámaras se marchan.

Un hospital no cumple su propósito porque fue inaugurado.

Lo cumple cuando atiende con dignidad y oportunidad. Una vivienda no representa bienestar únicamente porque fue entregada. Lo representa cuando permite a una familia vivir con seguridad y condiciones adecuadas.

Las obras públicas no deberían inaugurar gratitud, sino exigir resultados.

Dejemos de agradecer como dádiva aquello que, como ciudadanos, tenemos derecho a exigir.


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Víctor Hugo Martínez
  • Víctor Hugo Martínez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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