La historia de Ícaro no es la historia de una caída. Es la historia de una advertencia ignorada.
Según la mitología griega, Ícaro logró lo imposible: escapar, elevarse y contemplar el mundo desde una altura que pocos habían alcanzado. El problema no fue volar. El problema comenzó cuando dejó de creer que podía caer.
Algo parecido parece ocurrir hoy con Morena.
El partido llegó al poder impulsado por una narrativa de cambio.
Prometió combatir los excesos del viejo sistema político, desterrar privilegios, erradicar la corrupción y desmontar las estructuras que durante décadas sostuvieron al PRI y, más tarde, a un PAN que también terminó atrapado por las tentaciones del poder.
La victoria fue contundente. Presidencia, gubernaturas, congresos y una influencia política que ningún partido había concentrado en años recientes. Sin embargo, la historia demuestra que los mayores riesgos para los partidos dominantes rara vez provienen de sus adversarios. Generalmente nacen desde dentro.
El PRI no comenzó su declive cuando perdió la Presidencia en el año 2000. Empezó a desgastarse cuando confundió hegemonía con permanencia.
El PAN tampoco cayó cuando dejó Los Pinos. Antes de eso ya mostraba síntomas de soberbia, divisiones internas y una creciente desconexión con la realidad social.
Morena parece recorrer una ruta similar.
No porque sea idéntico a sus antecesores, sino porque enfrenta las mismas tentaciones.
El partido que prometió combatir a la vieja clase política terminó incorporando a numerosos cuadros provenientes del PRI, del PAN y de otras fuerzas políticas. En el camino absorbió parte de sus prácticas y, sobre todo, de sus tentaciones.
Los señalamientos que hoy rodean a algunos de sus gobernadores, las controversias que involucran a figuras del movimiento y las contradicciones entre el discurso fundacional y la realidad cotidiana son señales que comienzan a generar preguntas entre la ciudadanía.
El problema no es el tamaño alcanzado por Morena. Es la sensación de invulnerabilidad que suele acompañar a quienes permanecen demasiado tiempo cerca del poder.
Las alas todavía sostienen el vuelo. Morena sigue siendo la principal fuerza política del país.
Sin embargo, la historia es insistente: los partidos rara vez caen por la fuerza de sus opositores. Casi siempre empiezan a caer cuando dejan de escuchar las advertencias.
Ícaro tampoco se desplomó el día que tocó el mar. Su caída comenzó mucho antes, cuando se convenció de que el sol nunca podría alcanzarlo.