Dentro de unos días comenzará la Copa Mundial de la FIFA 2026 y algo curioso volverá a ocurrir en México.
Durante semanas, millones de personas hablarán de alineaciones, pronósticos, estadios, resultados y goles.
Las conversaciones cambiarán de tema.
Las discusiones políticas pasarán temporalmente a segundo plano. El país entrará, una vez más, en modo Mundial.
Tamaulipas no será la excepción.
Desde Matamoros hasta Tampico, pasando por Reynosa, Ciudad Victoria o Nuevo Laredo, el torneo encontrará espacio en las conversaciones cotidianas.
No importa si alguien sigue el futbol cada semana o si sólo aparece cada cuatro años frente a la pantalla.
El Mundial tiene esa capacidad extraordinaria de convocar a quienes normalmente no comparten los mismos intereses.
Hay quienes observan este fenómeno con desdén y recurren de inmediato a la vieja frase del “pan y circo”. Sin embargo, la explicación quizá sea más sencilla y también más humana.
Nadie puede vivir permanentemente en estado de alarma.
Nadie puede levantarse todos los días pensando únicamente en la inseguridad, la política, la economía, las disputas partidistas o los problemas que parecen multiplicarse en la vida pública.
Llega un momento en que las sociedades necesitan una pausa. Un respiro. Una tregua emocional.
Tal vez por eso el Mundial genera una expectativa que trasciende al deporte.
Durante noventa minutos y a lo largo de 39 días, millones de personas dejan de lado diferencias ideológicas, filias partidistas y discusiones interminables para concentrarse en algo mucho más simple: un partido de fútbol.
Los problemas no desaparecen. Siguen ahí.
La realidad tampoco se modifica porque ruede un balón.
Cuando termine el torneo, los gobiernos seguirán siendo los mismos, las preocupaciones continuarán y los desafíos permanecerán intactos.
Pero durante unas semanas existirá la posibilidad de mirar hacia otro lado sin culpa.
Quizá por eso la fiesta mundialista resulta tan poderosa.
No porque los mexicanos ignoremos la realidad, sino porque también necesitamos descansar de ella de vez en cuando.
Y aunque los problemas seguirán esperando al final de cada partido, millones de personas están dispuestas a celebrar desde ahora.
Tal vez no sea frivolidad.
Tal vez sea simplemente una forma de tomar aire antes de volver al juego de todos los días.