Comunidad

Batalla de Puebla 05-05-26

Han pasado 164 años de la Batalla de Puebla, uno de tantos hechos históricos que han marcado al pueblo de México y que sigue trascendiendo en nuestros días.

Ese 5 de mayo no es un trofeo del gobierno en turno, es un gesto colectivo que sigue respirando en la gente. La Batalla de Puebla no la ganó un eslogan, la sostuvo una sociedad que decidió no doblarse. Y eso incomoda, porque ese tipo de nacionalismo no cabe en un boletín.

Hoy la palabra “soberanía” se invoca como paraguas para todo. A veces protege; otras, tapa.

Cuando se vuelve consigna repetida, corre el riesgo de vaciarse: mucho ruido, poca sustancia.

El nacionalismo que vale -el que no pide permiso- es más silencioso y más terco: está en quien exige cuentas, en quien cuida lo público, en quien no normaliza la trampa aunque venga con bandera.

La autonomía, entonces, no es un discurso; es práctica diaria. No es cerrar la puerta “al de afuera” por reflejo, sino abrir los ojos “hacia adentro” con rigor.

Porque un país no se fortalece solo por lo que rechaza, sino por lo que es capaz de sostener.

Ahí está la tensión que vale la pena escribir: cuando la soberanía se usa como escudo retórico, pierde filo; cuando se ejerce desde la ciudadanía, se vuelve difícil de doblar.

Y eso, más que cualquier consigna, es lo que permanece.

Más allá de la postura oficial, tan enarbolada en días, meses o sexenios, lo que realmente sostiene a un país no es el discurso, sino la capacidad de su gente para cuestionarlo.

Porque cuando la soberanía se repite como consigna, sin contraste ni autocrítica, corre el riesgo de convertirse en una manzana brillante… pero envenenada.

De ahí la importancia del ejercicio ciudadano: no como acto de confrontación estéril, sino como conciencia activa. Preguntar, dudar, incomodar.

No aceptar como verdad absoluta lo que se presenta como incuestionable. Porque el verdadero patriotismo no se construye a partir de la obediencia, sino desde la exigencia.

Si algo dejó aquella batalla no fue solo una victoria militar, sino una lección que sigue vigente: la fuerza de un país no está en quien lo gobierna, sino en quien no deja de vigilarlo.

En tiempos donde el discurso busca imponerse como verdad única, ese acto -el de cuestionar- se vuelve, quizá, la forma más auténtica de defenderlo.


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Víctor Hugo Martínez
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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