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Morena: cuando la narrativa deja de ser suficiente

En política hay una fórmula que nunca falla: cuando algo no funciona, siempre hay alguien a quien culpar.

Durante años, en México ese papel tuvo nombres claros: el PRI, el PAN, el pasado.

La narrativa fue eficaz. Explicaba todo. Justificaba todo. Incluso lo que no tenía explicación.

Pero el tiempo, como el poder, no se detiene.

Hoy, con un nuevo congreso nacional de Morena en puerta, el discurso vuelve a colocarse en el mismo punto de partida: los errores heredados, las inercias del pasado, los males que otros dejaron sembrados.

El problema es que el pasado ya no gobierna.

Después de un sexenio de Andrés Manuel López Obrador y con el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, Morena no solo administra el presente: lo define.

Y ahí es donde la narrativa empieza a tensarse.

Porque mientras se señalan las fallas heredadas, también se acumulan decisiones propias.

Nombramientos cuestionados, problemas estructurales sin resolver, casos de corrupción que ya no pueden explicarse con la palabra “antes”.

La lógica de la culpa funciona mientras se construye poder. Pero cuando el poder se ejerce, esa misma lógica se vuelve insuficiente.

No se trata de absolver al PRI o al PAN. Sus errores están documentados, sus excesos también. Pero tampoco se puede gobernar eternamente desde el retrovisor.

El próximo congreso de Morena no solo definirá dirigencias o estructuras internas. Pondrá a prueba algo más profundo: si el movimiento está dispuesto a asumirse como gobierno o si seguirá actuando como oposición de sí mismo.

Porque hay una diferencia clave entre señalar culpables y asumir responsabilidades.

La primera es útil en campaña.

La segunda es inevitable en el poder.

Y en ese tránsito surge una pregunta que ya no puede posponerse: si después de un sexenio y el arranque de otro, Morena sigue siendo visto como la “esperanza” o si esa narrativa empieza a desgastarse frente a la realidad. Porque más allá de los programas sociales, el país enfrenta problemas estructurales que no se resuelven con discurso.

La duda es si la sociedad está dispuesta a sostener esa promesa o si comenzará a exigir resultados que ya no admiten explicación en el pasado.

Y en algún punto —más temprano que tarde— esa diferencia deja de ser discurso… y se convierte en realidad.


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Víctor Hugo Martínez
  • Víctor Hugo Martínez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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