Para adentrarse en el tantra sexual no es suficiente con seguir consejos o emplear técnicas recomendadas para acceder, a través del chakra raíz, a la explosión del kundalini. Hablamos de una transformación profunda e integral para que pueda darse el increíble fenómeno del sexo sagrado, el cual implica dejar de “buscar nuestro propio placer (y poder) para dedicarnos a nuestra pareja y apreciar sus cualidades más refinadas. Supone ver las cualidades universales, trascendentes, de la relación como parte de un modo más fundamental de comprender lo que significa estar profundamente conectado el uno con el otro. Esto a menudo conduce a una relación más atenta con todos los que nos rodean y un compromiso más activo con el cuidado de los demás”, explica Cassandra Lorius en La biblia del sexo sagrado. “Elegir el sexo sagrado significa comprometerse con el crecimiento y la exploración mutua de una forma consciente, amorosa, en lugar de simplemente crear un entorno ritual para el sexo”.
El tantra, como sistema filosófico, surgió en Oriente hace más de 4 mil años y se fundamenta en cuatro pilares básicos o “llaves” que aplican también en el ritual erótico: el primero es aceptarse a uno mismo y a los demás tal como son, con virtudes, defectos, capacidades y complejos, con sus diferencias y sin desear cambiar a los otros o suponer que nos van a complementar; el segundo requiere estar presente en cada momento con los cinco sentidos, aprender a vivir de una manera consciente en donde el cuerpo se integre con la mente, el corazón y el espíritu. El gozo no proviene exclusivamente de los genitales, sino de todo el ser.
La tercera llave de la filosofía tántrica tiene que ver con salirse de la idea del “amor romántico” para expresar lo que se siente y piensa, comprendiendo que con cada pareja sexual que tengamos en la vida la forma de relacionarnos amorosa y sexualmente será diferente. Es necesario saber expresar lo que nos gusta, ser curiosos, escuchar lo que prefiere quien nos acompaña. El autoerotismo, como el autoconocimiento, es necesario para poder entrar en este estado.
El cuarto pilar es el movimiento armónico y fluido hasta alcanzar el equilibrio. Acompasar la energía y el ritmo con otra persona es necesario para poder alcanzar un estado superior de compenetración a la vez que de placer. Esto no tiene que ver exclusivamente con tomarse de las manos y mirarse a los ojos durante mucho tiempo para esperar que por obra de las vibraciones cósmicas la pareja entre en un estado místico. Y aunque la práctica del tantra involucra el control eyaculatorio, su objetivo va más allá de la emisión seminal. Los orgasmos se vuelven más intensos porque se está trabajando una energía en conjunto que se transmite de cuerpo a cuerpo, sin miedos, prejuicios ni presiones.
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La expansión de la práctica erótica
La psicóloga Marhyam Deva Ianna se ha dedicado, desde hace una década y media, a estudiar el tantra y las danzas sagradas. Ha realizado su formación tanto en la Escuela Nacional de Antropología e Historia como en templos sagrados de India, Egipto y Siberia.
Ella explica: “Amplía las posibilidades eróticas, expande la visión sobre lo correcto e incorrecto, rompe con creencias limitantes sobre el cuerpo, la moral prevaleciente en las sociedades occidentales, la biología, el instinto y, en general, con lo que se supone culturalmente del complejo entramado del sistema humano”. El tantra en su propia etimología contiene la experiencia fundamental de su práctica: la expansión. También en su significado en sánscrito podemos encontrar su riqueza: sistema. Eso es importante pues jamás verá al ser fragmentado, lo cual es una gran ayuda para reconectar con el derecho al placer, con el regreso a la exploración, a la contemplación, al disfrute”, me dice.
¿De qué manera se estudia y trabaja el tantra de manera guiada? Marhyam explica: “La persona que practica tantra sabe que no necesita poseer al otro o a la otra para intercambiar experiencias auténticas generadas desde el autoerotismo, gracias a lo cual podría superar la adicción a relaciones tóxicas o basadas en necesidades, pues su vida misma sería un gozo porque la práctica constante hace del placer un hábito personal, nunca una experiencia que dependa de circunstancias extremas o de una persona adecuada. Ser responsables de nuestro placer implica comprometernos con nosotras mismas rompiendo el estereotipo de mujer sacrificada; puede ser algo tan simple como tomar un baño sin tener que salir corriendo, llenar el cuerpo de aceites, perfumes o cremas deliciosas y masajear sin prisa, preparar una comida llena de sabores, decorar un espacio acogedor, llevar a cabo actos aparentemente simples que exploten la naturaleza erótica, receptiva, creativa, que se expanda al estar piel a piel con otro ser”.
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