Entre las costumbres regionales huastecas de hoy en día con motivo del Día de los Difuntos, se distinguen cinco grupos de personas. El primero, el citadino de clase media y alta, influenciado por la cultura extranjerizante; el segundo, citadino y pueblerino, de tradición católica y costumbres arraigadas; el tercero, el de los indígenas y mestizos habitantes de los pueblos y ranchos huastecos; en el cuarto grupo incluiríamos a las nuevas sectas religiosas, y en el quinto, a los ateos o no creyentes.
Los grupos primero, cuarto y quinto, siguiendo las costumbres norteamericanas difundidas por los medios de comunicación, celebran el Jalohuín (Halloween en inglés), la víspera del día de Todos Santos. La festividad se celebra con adornos de calabazas ahuecadas, acostumbrándose vestir a los niños con disfraces macabros, como calaveras, brujas o fantasmas, permitiéndoles salir en grupos por la noche a solicitar golosinas a las casas. Al llegar a las mismas, dicen en mal pronunciado inglés: “Trick or treat”, (queriendo decir: “Dénnos dulces o haremos una travesura”., y los niños gozan mucho con esta diversión inocente. Los mayores organizan bailes de máscaras con el mismo tipo de disfraces, en remedo del Carnaval.
La celebración del Jalohuín es de origen irlandés, y su nombre viene del inglés Hallow (consagrar o santificar), y Hallowmass significa la misa conmemorativa del 1 y 2 de noviembre dedicada a Todos Santos y a los Fieles Difuntos.
El segundo grupo tradicional asiste a la Misa esos 2 días en sufragio de las almas de sus deudos y lleva flores, oraciones y lágrimas a los panteones.
El tercero, de los pueblos y ranchos, celebra los Chichiquiles. El origen de este vocablo es difícil de precisar por la transferencia cultural de los huastecos y mexicas que existió en la región. En huasteco se halla Tziquiquil o Chiquiquil que significa “rechinar” y en náhuatl Tzitzimitl, seres míticos maléficos del aire).
La festividad de los Chichiquiles consiste en colocar en los hogares un altar “de muertos”, que consiste en una mesa cubierta con un mantel, presidida por un Santo Cristo y una imagen de la Virgen María. Sobre la pared se forma un arco de bejuco engalanado con guirnaldas de flores de papel de colores vistosos. El altar se cubre con retratos de los difuntos, flores de cempasúchil y mano de león, veladoras, y las ofrendas a los muertos. Éstas consisten principalmente de manjares que les gustaban en vida, no faltando tampoco el licor y los cigarrillos.
Las familias reciben a los visitantes que acuden a rezar ante sus altares, y se les obsequian Chichiquiles Nadie queda sin recibir algo. El día 2 de noviembre se recoge el altar y se llevan las flores al cementerio. . Por la noche cenan las ofrendas en reunión familiar, pues ese día regresan los ausentes y nadie trabaja. Vivos y difuntos se unen en amor y recuerdos.
Tenemos tantas celebraciones y costumbres de nuestra cultura ancestral, que envidiarían otros países más “civilizados”. Gocemos de ellas con orgullo de nuestro
México. _