Política

La extraña sensación de vivir en paz

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Durante poco más de dos décadas he vivido en el norte de México y los últimos 16 años he habitado en tres ciudades que el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal ha incluido, varias veces, en su ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo; pero las últimas semanas las he pasado, por cuestiones laborales, en San Francisco de Campeche, y he experimentado lo que un amigo llama “el shock de vivir en una ciudad tranquila”.

En Campeche es cosa de todos los días salir a caminar o correr al malecón antes de las 06:00; celebrar misas religiosas para conmemorar bodas a las 20:00 y después iniciar la fiesta; congregar, en una plaza, a más de 50 personas, para participar en la tradicional lotería campechana; escuchar voces de niños en la calle, a las 21:00; encontrar a varias personas conversando en las plazas de sus tradicionales barrios después de las 22:00; o quedarse de ver con alguien en algún bar, casi a medianoche.

En Campeche, los carteles que hay en postes de luz o telefonía muestran los rostros sonrientes de modelos que promueven algún concurso, premio o festividad; no son esos boletines de búsqueda de personas desaparecidas que, cada tanto, vuelven a colocar los colectivos en las calles de las ciudades fronterizas del norte de México, porque el sol y las condiciones medioambientales los deterioran, antes de haber encontrado a sus seres queridos.

Y no es que no exista la violencia en el sureste de México, aquí también hay conflictos, tomas de carretera, asaltos. El propio ranking del Consejo Ciudadano ha dado cuenta que, desde 2018, Cancún se sumó a la lista de las ciudades violentas del mundo; y en 2024 ingresaron al ranking, por primera vez, Villahermosa (Tabasco) y Tapachula (Chiapas), lo que muestra un cambio al que hay que prestarle atención, para evitar lo que ya vivimos en muchos municipios mexicanos.

La diferencia es que el sureste aún brinda esa sensación de seguridad, tranquilidad y paz, porque no es cosa de todos los días que haya grupos criminales conocidos y reconocidos que pugnan por un territorio y, al hacerlo, se persiguen por las calles mientras la ciudadanía hace maniobras por evitar el fuego cruzado; no se dejan vehículos incendiados en alguna avenida para mandar un mensaje; no se lanzan drones con explosivos a la FGR frente a un parque; no desaparecen jóvenes de los bares; tampoco se ven narcomantas o cuerpos colgando de algún puente peatonal, al circular al trabajo por las mañanas.

Lamentablemente no hay en el país muchas ciudades como San Francisco de Campeche; así lo corrobora el comunicado que emitió el Inegi, en abril de este año, para dar a conocer resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU): 61.5 % de la población de 18 años consideró que era inseguro vivir en su ciudad. Para el Gobierno esto es un logro, porque la percepción de inseguridad, un año antes, era de 63.8% y en 2018 se registró la cifra más alta: 76.8%.

Sin embargo, que más de la mitad de la población del país se sienta insegura en donde habita, evidencia que tras de sí hay una grave problemática que las políticas públicas aún no han logrado contener, mucho menos revertir.

El camino por recorrer aún es largo para que vivamos tranquilamente, como hacen los campechanos. 

Artemisa López León*

* Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien escribe. No representa un posicionamiento de El Colegio de la Frontera Norte
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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