La frase no tiene estructura ni coherencia; solo es una inercia del léxico popular de México. Su contenido es intrascendente. Como figura literaria es muy pobre. Solo contiene una cacofonía simple que le da sonoridad a la rima.
La verdadera fuerza de la frase, lo que impacta y comunica es el énfasis y la oportunidad.
“Me canso ganso” significa aceptar un reto y en osado engreimiento asegurar superarlo. Es fe en sí mismo. Es autoestima y amor propio.
Para hacerlo creíble se debe pronunciar con jactancia. Con voz sólida que no deje espacio a titubeos. El énfasis es directo, contundente y puede ir reforzado de un puño apretado y un macizo movimiento de brazo con el efecto de un martillo.
Pero en el fondo, detrás de ese manto temerario, “me canso ganso” no deja ser una promesa sostenida únicamente por la palabra del valiente.
López Obrador usa la frase en dos sentidos. De manera consiente sabe que el lenguaje popular es una herramienta política; pero en el mensaje subterráneo anuncia que usará todo el poder para cumplir sus propósitos y por lo tanto contiene un tácito reconocimiento a la complejidad y desafíos del gobierno. Le sirve también de disfraz para ocultar cómo se lograrán los objetivos sin necesidad de argumentarlos.
Cuando el gran pachuco German Valdéz “Tin Tan” pronunció la frase en 1947 durante la película “El Niño Perdido” ya era muy conocida en los barrios. En el arrabal era necesario abrirse paso en la vida por cualquier medio y una dosis de audacia ayudaba mucho. Pero lanzar un “me canso ganso” siempre se asumía como un enorme compromiso que se pagaba con sonora rechifla ante el fracaso.
La dimensión que alcanza el tema por la voz del Presidente incrementa de forma exponencial el riesgo que toma.
Me canso ganso
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Tomás Cano Montúfar
Ciudad de México /