Cultura

Remate | Por Tedi López Mills

No puedo no poner por escrito aquí que el 6 de enero terminé las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein a las 7:38 de la noche. Sé la hora con exactitud porque la anoté en un trozo de papel que uso como separador. La última frase del libro está entre paréntesis: “(Similarmente, se podría hablar de una actividad de la mantequilla cuando sube de precio; y si eso no produce ningún problema, entonces es inofensivo.”). Alude a la diferencia que establece Wittgenstein entre la gramática de los verbos “querer decir” y “pensar” y a su enfática declaración —antes del paréntesis— de que no hay “nada más equivocado que llamar al querer decir una actividad mental”. Aunque el símil de la mantequilla no demuestra o aclara esa tesis tan perentoria y debatible, sin duda introduce un misterio cuya explicación, sospecho, es mediática. Quizás en esa época —alrededor de 1945— se estaba discutiendo que un aumento de precio en la mantequilla tendría consecuencias difíciles, graves, pero al no ocurrir, la discusión resultó especulativa, inútil. Quizás a Wittgenstein le gustaba mucho la mantequilla y siguió de cerca la polémica en la prensa y la comentó con sus amistades. Quizás el tema se convirtió en causa de chistes y anécdotas e incluso provocó pequeños pleitos durante algunos desayunos, comidas, cenas: untar mantequilla en el pan o guardarla para la preparación de los guisos. Y en cada circunstancia lo que se “quiso decir” pareció determinante, conclusivo; luego se fue esfumando y otro asunto ocupó su lugar, con esa misma característica de ser algo esencial, urgente, hasta revelarse inocuo de nueva cuenta y al cabo de varias semanas olvidarse.

En cuanto a la gramática de los verbos “querer decir” y “pensar”, es tan obvia la diferencia que no se entiende —o no entiendo yo— por qué Wittgenstein la presenta como un hallazgo no de la filosofía, sino de los juegos de lenguaje. Y aun aceptando que existe una razón de peso para recalcarla, en el argumento no hay una sola prueba de que “querer decir” no es una actividad mental —o intelectual— y mucho menos de que no hay “nada más equivocado” que suponerlo. Las dos fórmulas verbales no son excluyentes ni incompatibles. Por ejemplo: lo que quiero decir es que, si no pienso como tú, no quiere decir que no pienso; lo que quiero decir es que no logro transmitir lo que pienso porque las palabras se salen del marco de referencia donde coloco la intención de expresarlas. En mi Proyecto Wittgenstein —que dada mi naturaleza seguramente no completaré— me interesaría desviar algunos fragmentos de las Investigaciones… hacia las historias que sugieren. Por ejemplo, el 525: “Después de decirlo, la dejó como ya lo había hecho el día anterior”. ¿Llorando en la recámara, manoteando en el comedor, huyendo por el pasillo, recorriendo el parque donde él se ejercita los domingos? Propondría que le dijo: “he pensado en dejarte miles de veces… me quedo por flojera y lástima”. De mi cabeza no consigo sustraerme sin desaparecer.


AQ / MCB

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Tedi López Mills
  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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