Los que somos fans del género late night lo sabemos bien: el espacio que ocupaba Stephen Colbert en CBS —hasta su adiós mañana— no es cualquier cosa. El primero que lo habitó fue David Letterman, después de que NBC se negara a cumplirle la promesa de darle el Tonight Show cuando el legendario Johnny Carson se retiró, iniciando así una larga historia de Jay Leno quedándose una y otra vez con ese espacio.
Pero la cosa es que Letterman, a diferencia de Leno, sí hacía muy buen humor político. Y aunque lo mezclaba con secciones como “Trucos estúpidos de mascotas”, abrió ese espacio a convertirse en lo que hoy es: una plataforma editorial más fuerte que la mayoría de los noticiarios.
Hace 11 años Colbert fue contratado —venía de The Daily Show con Jon Stewart— y no sólo continuó con esa tradición: la perfeccionó a tal grado que se volvió una de las peores piedras en el zapato, no únicamente pero sí especialmente, de Donald Trump.
Y eso —quizás el exceso de interés en ser oposición política— es lo que le costó la chamba a Colbert. CBS dijo que era por presupuesto, pero sólo días después de que el presidente pidiera la cabeza del comediante y ésta le fuera entregada, se aprobó gubernamentalmente la compra de Warner por parte de Paramount (dueña de CBS).
Así que ahí estamos. Mañana es el adiós y la pregunta queda en el aire: ¿censura pura o es verdad que la gente quiere menos grilla con su comedia nocturna? Tiendo por la primera, aunque no dudo de la segunda.