Hay un video muy viral donde un profesor les pregunta a sus alumnos qué tanto amaban la serie de HBO Game of Thrones. Era por ahí de la tercera temporada y el fandom comenzaba a crecer rápidamente. La mayoría de ellos levantó la mano. “¡Bien!”, dijo el maestro. “Si alguien hace ruidos o distrae a los demás durante mi clase, les voy a contar en qué acaba todo. Ya leí todos los libros y puedo arruinarles todo”. Funcionó.
Ojalá más gente —al menos en YouTube y las redes sociales— fuera tan directa y honesta como ese maestro. Lo digo porque —y sí culpo a mi algoritmo, pero ahí están con cientos de miles de views— no hay día en el que no me encuentre a un “gran analista” que no logre su tramposa intención de impresionar a varios con su conocimiento y capacidad de predecir lo que va a pasar en las mejores series de televisión de nuestros tiempos. Ahora está pasando mucho con The Testaments, así como pasó con su serie predecesora The Handmaid's Tale —ambas basadas en las maravillosas novelas de Margaret Atwood—. Claramente, el gran conocimiento de estos supuestos expertos —y su gran capacidad de adivinar lo que vendrá— viene del nada complejo acto de leer el libro. Pero esta cascada de spoilers disfrazados de capacidad de observación no menciona en ningún momento el origen de sus grandes conclusiones. Solo celebran, una y otra vez, que “le atinaron a lo que iba a pasar en la serie”.
También está pasando con House of the Dragon y con Westworld; de una manera distinta hasta con The Avengers (porque ahí sí tienen que adivinar qué timeline se tomará para la historia). Esta suerte de “le atiné” es premiada por el algoritmo y solo sirve para arruinar el desenlace de las historias. Y ya no hablemos de todos los videos escritos con IA precisamente con esa intención en mente. Al menos de los otros alguien se molestó en leer el libro. Disculpen. Sé que hay problemas mucho más graves a nuestro alrededor, pero hoy sí me enojé con YouTube.