Hoy no basta con decir que Sinners la rompió en las nominaciones de los Oscar: hizo historia. La película de Ryan Coogler, ese vampiro-thriller que nadie vio venir como gran favorito, se llevó 16 nominaciones, más que cualquier otro filme en la historia de los Premios de la Academia. Superó a pesos pesados como Titanic y La La Land, que tenían el récord con 14.
Pero vamos con claridad: récord no es win. Sinners puede romper la mesa en nominaciones, pero no es la favorita para barrer la noche. Compite de tú a tú con dos películas que son obras maestras reconocidas por críticos y colegas: Hamnet, de Chloé Zhao, y Una batalla tras otra (One Battle After Another), de Paul Thomas Anderson —esta última con 13 nominaciones y un peso enorme en las categorías principales.
Y aquí viene el primer giro interesante: muchos ya habían cantado a los nominados de actuación como si fueran sentencia. Timothée Chalamet, por Marty Supreme, apunta a ser el favorito del público millennialista, seguido por Leonardo DiCaprio en Una batalla tras otra. Pero en esa misma categoría aparece Wagner Moura por El agente secreto, que no es una película de masas, pero sí un tour de force actoral que puede sorprender en Mejor Actor.
¿Y si te digo que esa categoría está más abierta de lo que parece? La inclusión de actores como Michael B. Jordan, por Sinners, o Ethan Hawke, por Blue Moon, le da al Oscar más de un caballo en la carrera —no es un duelo Chalamet vs. DiCaprio cerrado y domesticado.
La animación vive un momento raro: Wicked —ese musical gigante— se fue absolutamente limpia de nominaciones. Nada. Sin embargo, el fenómeno cultural del año (KPop Demon Hunters, de Netflix) sí logró colarse en categorías clave de animación y canción original, marcando que los gustos del público global empiezan a incidir más en la Academia.
En el terreno de dirección, aunque Guillermo del Toro no está nominado como Mejor Director por Frankenstein, su película sí recibe varias nominaciones importantes, desde cinematografía hasta música y diseño de producción, colocando a Netflix de nuevo en la pelea grande por un Oscar de prestigio.
Y hay otra lectura estructural de la temporada de premios: Warner Bros. —aún en plena venta y envuelta en controversia corporativa— fue la casa que dominó la temporada de nominaciones gracias a la dupla Sinners y Una batalla tras otra. Con un total de más de 30 nominaciones para el estudio, Warner quedó por encima incluso de gigantes como Netflix, Neon, Focus Features y A24.
Hablando de esos otros estudios: A24 brilla con Marty Supreme y también con Sentimental Value y Bugonia, mostrando que su apuesta por cine audaz sigue rindiendo frutos en categorías técnicas y de actuación. Neon, por su parte, está fuerte con El agente secreto y Sentimental Value, reforzando su reputación como sello de cine exigente que la Academia ya no puede ignorar.
El mapa de fuerzas de este Oscar no es un monolito: hay un récord de nominaciones cuya leyenda todavía está por escribirse en estatuillas; una competencia cerrada entre cine de autor (Hamnet), cine visceral (Una batalla tras otra) y cine mainstream reinventado (Sinners); actores que emergen desde espectaculares papeles físicos hasta performances más sutiles; y estudios que juegan tanto con músculo financiero como con astucia creativa.
En resumen: las nominaciones fueron solo la mitad de la historia, y la noche del Oscar, con tantas contradicciones y sorpresas posibles, promete ser todo menos predecible.