Dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Las niñas también merecen soñar con patear el balón y, al mismo tiempo, no todo evento mundial tiene que ser un motivo para avanzar una agenda —que sin duda comparto— respecto a la equidad de género. Dejo de compartirla un tanto cuando viene de la mano de posturas y mensajes políticos con intereses partidistas. Ahí también dos cosas pueden ser ciertas: los partidos políticos y los partidos de los mundiales existen al mismo tiempo, pero no tienen por qué ser utilizados para promover intereses ajenos al tema del balón.
Dos cosas más pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puedo respetar mucho a Julieta Venegas y aún más la intención de hablar de las niñas futbolistas. Eso no significa que la canción funcione en comunicar lo que su letra dice y tampoco que me guste. Cuestión de gustos en ese último caso. ¿De verdad pensaban que serviría para una campaña que pretende generar entusiasmo y conversación alrededor del futbol? Pero también es verdad que no están sabiendo leer la reacción social cuando las cosas se impulsan desde el poder en forma de música. Son muy pocos los que no ven las motivaciones políticas detrás de todo esto.
Dos otras cosas más pueden ser ciertas al mismo tiempo. Las mujeres futbolistas mexicanas son extraordinarias y deberíamos estar trabajando arduamente para que el mundo preste atención a ellas y a tantas más alrededor del mundo. Pero al mismo tiempo resulta inocente pensar que no iba a haber respuestas del tipo “es el Mundial masculino, déjenlo ser” (la mayoría de manera mucho más altisonante y furiosa).
Es cierto que resulta particularmente interesante que este mensaje se impulse desde la tribuna presidencial. Es inocente pensar que esta es la manera en la que vamos a lograr un cambio. No porque la música en general no tenga ese poder —sino porque no acabamos de entender que los cambios son con acuerdos sociales y no con imposiciones. Cuando ya tuvimos ajolotes pamboleros, una ciudad que parece infectada de Barney, el Dinosaurio morado y candelabros en el Metro, no parece que las multitudes estemos particularmente receptivas a que se nos recuerde algo que, por cierto, es verdad: las niñas somos muchas veces las mejores —y con los mejores resultados— en este deporte. Se llama comunicación efectiva, y con esta ejecución la están aniquilando.