Hay muy pocas obras unipersonales —o monólogos, pues— que pueden presumir 25 años en la cartelera mexicana. Defendiendo al cavernícola, con César Bono, es una de ellas. Hace 25 años, con el éxito de Los monólogos de la vagina a cuestas (que el próximo lunes cumple 26), Morris Gilbert puso la mirada en el texto de Rob Becker, un stand up tan exitoso que pocos imaginaban que otro actor pudiera hacerlo suyo.
Y entonces llegó César Bono. Recuerdo que desde el primer momento saboreó cada instante de ese texto. Entendió perfectamente que no era una guerra ideológica ni social de los hombres contra las mujeres sino —precisamente— lo contrario. Una guerra provocada por nuestras dificultades para comunicarnos y entendernos. Y hacerlo evidente a través de las risas es un regalo que sigue dando.
Así que se llenó el Nuevo Teatro Libanés de gente que ama el teatro, de quienes han visto la obra en distintas etapas de su vida y hasta de jóvenes que —sorpresa— siguen viviendo esa supuesta “guerra de los sexos”, que tantas veces no es más que hablar lenguajes distintos para decir lo mismo.
Ver a César hacer cosas nuevas con un texto que lleva 25 años contando es un deleite. Los años se han vuelto sus aliados y le regalan libertades cómicas que le vienen perfectas a este momento.
Confieso que me siento parte de esta fiesta por haber participado en la producción. Pero me quedé riendo por algo más. Hace unos días le pregunté a mi pareja, de la nada: “¿Tú cómo eras de niño?”. Su cara de “no me puedes aventar esa sin agua va un domingo por la tarde” era exactamente una escena de la obra. Una se puede saber un texto de memoria, pero eso no quiere decir que no se descubrirá a sí misma representándolo —sin querer— en la vida real.