Muchos creen que esta es una historia de Hollywood, con una narrativa estructurada y fácil de reconocer. Pero la realidad es que la venta de los estudios Warner, HBO y todo su catálogo tiene más que ver con intereses políticos y empresariales, y menos con lo que a tantos nos apasiona: la creación y preservación del gran cine y las nuevas series.
Aún así, muchos ya daban —¿dan?— por hecho que el trato firmado con Netflix ya es definitivo, y con razón. Hasta ahora Warner no había siquiera tomado de manera oficial una junta con David Ellison de Paramount Skydance. Eso acaba de cambiar.
Es verdad, Netflix ya tiene un acuerdo firmado por 27.75 dólares por acción. Se anunció como un hecho. Hay fecha para el voto de accionistas, todo parece encaminado. Y sin embargo, ahí sigue Ellison, insistiendo, haciendo campaña y ahora haciendo una nueva propuesta a los accionistas, los únicos que pueden echar para atrás lo que ya quedó establecido.
Primero fueron 30 dólares por acción. Ahora los reportes oficiales hablan de 31 o más si lo dejan sentarse a negociar formalmente; Warner abrió una ventana de siete días para escucharlo, eso que supuestamente no iba a ocurrir. Según fuentes como Deadline, Netflix concedió una exención contractual para permitir la conversación. Eso no es ruido. Eso es presión estratégica.
El consejo de Warner insiste en que la propuesta del streamer más grande del mundo no es superior. Netflix habla de distracciones, tiene un contrato firmado y la posibilidad de igualar una oferta que sea considerada superior. Además, esos siete días pueden ser poco a cambio de ya cerrar bien el asunto. Es un plot twist de impacto al considerar todo lo que ya han avanzado.
Y David Ellison —con los infinitos recursos garantizados por su padre Larry Ellison (Oracle)— ha demostrado algo que muchos no le concedían: persistencia. No se retiró después del rechazo inicial ni de los siguientes. Ajustó, esperó, presionó accionistas y volvió. En el ajedrez corporativo, eso cambia la narrativa. El voto es en marzo.
Para entonces debe quedar cerrado, pero mientras eso pasa, todo es provisional. Y las ruedas deben seguir girando en lo que a proyectos, contratos y producción se refiere en Warner.
En este juego de ajedrez nadie está hablando del gran cine, pero sin duda sería una gran película o documental en un futuro, cuando veamos atrás y queramos entender qué ha pasado con esta nuestra tan amada “máquina de sueños”.