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Jueves , 25.04.2019 / 15:50 Hoy

Prospectivas

¿Fábrica de pobres?

Saúl Barrientos

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Dos decisiones legislativas volvieron a mostrar que el enfoque de la política pública del actual Gobierno Federal no apuesta por la productividad, apuesta por el asistencialismo.

Todo gobierno debe tener entre sus principales cualidades una profunda sensibilidad social. En este sentido, no cabe duda de que se debe apoyar a los que menos tienen; el problema es apoyarlos con el objetivo perverso de mantenerlos en la pobreza.

Esta semana los diputados federales de Morena aprobaron la desaparición del Instituto Nacional del Emprendedor. Al margen de introducirnos en el análisis de lo hecho a lo largo de cinco años, donde ejerció un presupuesto total de más de 33 mil millones de pesos, creo que como país debemos sí o sí de tener un organismo especializado para apoyar a los emprendedores.

Hoy las empresas más exitosas en el mundo no son maquiladoras o las grandes industrias, son las empresas que nacieron a partir de buenas ideas y de nuevas tecnologías, es decir a partir del conocimiento. Requerimos que en nuestro país las buenas ideas se conviertan en empresas. Necesitamos impulsar la visión de emprender e innovar y no solo de buscar trabajo.

La segunda acción que se impulsó esta semana en la Cámara de Diputados fue un conjunto de reformas a la Ley Federal del Trabajo. En estas reformas lamentablemente se da un trato igual a los desiguales en el caso de los trabajadores del campo y se impacta de manera muy importante a los pequeños y medianos productores del sector agrícola. Ahí se obliga a los patrones agrícolas a darle seguridad social a los trabajadores del campo, lo cual sin lugar a duda no solo es necesario, es justo; pero esto no resuelve los problemas de jornaleros y campesinos. El campo se guía por los tiempos y por las condiciones de la naturaleza.

En este marco hay trabajadores y jornaleros agrícolas que laboran por estación o por temporada, en diferentes ranchos incluso. Darles los mismos derechos que a los trabajadores industriales no les ayuda lo suficiente y sí puede poner en peligro la viabilidad de seguir invirtiendo en el campo (hasta en los países más avanzados del mundo existen importantes subsidios al sector primario). Por ejemplo: lograr cotizar las semanas necesarias para pensionarse, a un trabajador industrial le toma de 25 a 30 años, pero para un trabajador del campo estacional esto le tomaría al menos entre 50 o 60 años, es decir el doble, con lo que prácticamente se les está condenando a no poderse pensionar por tratar igual a quienes claramente no son iguales. _

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