Tras un intenso proceso electoral que aún no cesa, la Casa Blanca se llena de primeras veces.
En el momento que sea ratificada por el Colegio Electoral, será la primera vez que una mujer llegue a la vicepresidencia: Kamala Harris, quien, por su ascendencia, logrará que también, por primera vez, una persona hija de inmigrantes asiáticos alcance esta posición.
Pero también será la primera vez que una mujer italiano-estadunidense sea primera dama, concepto propio de la nomenclatura política estadunidense. Se trata de la doctora Jill Tracy Jacobs, esposa del presidente electo, Joe Biden, y profesora que da clase de inglés en la universidad comunitaria de Virginia.
Jill Biden cuenta con un doctorado y dos maestrías. Nunca ha dejado su profesión, ni siquiera en los ocho años en los que su esposo fue vicepresidente al lado de Barack Obama.
De hecho, será también la primera vez que una primera dama mantenga un empleo remunerado. Tras el triunfo de Obama y Biden en 2008, Jill se mudó a Washington D. C., pero siguió enseñando inglés en el Northern Virginia Community College, y ya como segunda dama se dedicó a promover los colegios comunitarios (centros de educación superior de Estados Unidos).
Si bien hay medios que han tratado de mostrarla como esposa abnegada o sin trayectoria propia, no hay nada más alejado de esta realidad.
"Enseñar no es lo que hago. Es lo que soy", tuiteó antes del discurso de la Convención Demócrata en agosto. Esta mujer, de 69 años, representa el perfil de la mujer actual.
Hija de un empleado bancario y madre ama de casa, Jill ejemplifica la movilidad social a través de la cultura del esfuerzo. Con una infancia que se desarrolló en los suburbios de Filadelfia, desde los 15 años buscó empleo para poder tener su propia independencia económica. Situación que no cambió con su estatus civil.
“Quería mi propio dinero, mi propia identidad, mi propia carrera”, contó a The New York Times en 2008. “Cuando obtuvo su doctorado fue con el apellido Jacobs, no usó a Biden, porque siempre ha querido que los estudiantes la conozcan como maestra y no como esposa de un senador”, narra una ex colaboradora, de acuerdo con El País. El hoy presidente electo lo celebró con un cartel en la puerta de su casa: “Aquí viven la doctora y el senador Biden” y fue frecuente que se presentara como: “Soy el esposo de la doctora Jill Biden” en las asambleas de su partido para pedir el voto durante las primarias.
Están a punto de quedar atrás los cuatro años de nubarrones misóginos y exabruptos machistas y racistas lanzados por quien ostentaba el cargo de “hombre más poderoso del mundo”. Parece un remanso en un momento en el que, en el continente americano, de Bolsonaro a Trump, pasando por Macri y Piñera, la desigualdad de género, el machismo y la violencia han estado presentes.
Y si bien al momento de escribir estas líneas el aún inquilino de la Casa Blanca insiste en impugnar el resultado, lo cierto es que no puede evitar que una nueva narrativa comience a inundar el ambiente. Una en la que las mujeres no son más el objeto para el capricho de un magnate, sino que toman su lugar como políticas, activistas y funcionarias que hoy también pueden presumir una sólida formación profesional y también académica. Y que hoy son las protagonistas.
Toca que no sean las primeras y únicas mujeres libres en llegar a la cima del poder. Y que demuestren que llegamos para transformar y ya no irnos jamás.
* Maestra en Artes y doctora en Educación. Coordinadora del Departamento de Artes y Humanidades del Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe UANL.
@saraiarriozola