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Bueno, bonito, barato y… bajo presión

  • Terco Digital
  • Bueno, bonito, barato y… bajo presión
  • Salvador Peynado

Todo buen mexicano ha escuchado esa frase, la ha usado… o si eres empresario, te la han puesto sobre la mesa más de una vez: “Lo necesito con las tres B… bueno, bonito y barato.”

Lo que realmente ocurre entre cliente y proveedor es una negociación silenciosa: hay proyectos que logran ser baratos, pero sacrifican estética o funcionalidad; otros priorizan lo visual, pero no terminan de cumplir en desempeño; y en algunos casos, lo que sí está bien hecho… simplemente no es barato.

La inteligencia artificial está generando una nueva versión de esta conversación, y con ella, el riesgo de una mala práctica.

Hoy no falta el empresario que llega con un proyecto de presupuesto limitado, una fecha muy cercana de entrega y una expectativa alta de impacto. Quien recibe esa instrucción puede intentar salvar el proyecto con inteligencia artificial. Puede tener las mejores herramientas, todo el conocimiento y la motivación correcta, pero enfrenta un reto claro: tiempo limitado y una expectativa que no viene de la planeación, sino de la urgencia.

A partir de ahí, el trabajo avanza entre pruebas, ajustes, intentos y decisiones que normalmente se tomarían con mayor anticipación. Cuando la inteligencia artificial está presente, acelera partes del proceso, propone soluciones y ayuda a construir, pero aún depende de ideas claras.

Pero no sustituye el trabajo, y es justo ahí donde aparece la cuarta B, porque ya no se trata solo de que algo sea bueno, bonito y barato, ahora también se quiere lograr bajo presión.

En contraste, esta semana, en Google Cloud Next 2026, Thomas Kurian dejó claro que la inteligencia artificial ya no está en fase experimental y hoy participa en procesos complejos como el desarrollo de software; de hecho, Sundar Pichai ha compartido que en Google hasta el 75% del código se genera con apoyo de IA. El problema es cómo se interpreta: se asume que todo puede resolverse más rápido, cuando en realidad lo que cambia es la forma de trabajar, no la necesidad de hacerlo bien.

Porque cuesta imaginar a Sundar Pichai pidiéndole a su equipo, con poco tiempo para resolver, un proyecto con las tres… o incluso con la cuarta B… bajo presión.

La presión del tiempo aumenta la probabilidad de error, elimina espacios de validación y obliga a tomar decisiones con información incompleta. En ese contexto, cualquier herramienta deja de ser una ventaja automática y se convierte en un recurso que necesita dirección.

Cuando no puedes mover la fecha, no puedes aumentar el presupuesto y aun así necesitas que el proyecto funcione, la solución no está en exigirle más a la herramienta… está en ajustar lo que realmente vas a construir.

Bajo presión, no se trata de hacerlo todo, sino de decidir qué sí tiene que salir bien desde el inicio y qué puede esperar. Reducir el alcance no es renunciar al proyecto, es darle viabilidad. Priorizar no es perder ambición, es evitar que el resultado se diluya.

La inteligencia artificial ya está cambiando la forma de trabajar, pero el armado fino, rentable y personalizado sigue dependiendo del factor humano. Y mientras eso no cambie, las tres B seguirán siendo un reto… y la cuarta, bajo presión, seguirá siendo la que expone todo lo que no se planeó.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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