Política

¿Aprender a delegar en personas y en IA?

  • Terco Digital
  • ¿Aprender a delegar en personas y en IA?
  • Salvador Peynado

Al principio todo depende del jefe, dueño o fundador.

El colaborador pregunta: “¿qué hago?”. Después aprende a observar: “veo esto”. Más adelante interpreta: “creo que…”. Luego recomienda: “yo haría esto”. Y si la confianza, la claridad y la competencia crecen, llega a un punto más avanzado: “tengo la intención de hacer esto”.

David Marquet, excomandante de un submarino nuclear y autor de Turn the Ship Around!, convirtió esa evolución en una forma de liderazgo. Su propuesta no era dar órdenes a todos, sino formar personas capaces de pensar, decidir y actuar con intención. No se trata de delegar y perder el control. Se trataba de mover la decisión hacia donde estaba la información.

Esa misma conversación llega a la inteligencia artificial.

Durante la primera etapa, usamos la IA como una herramienta pasiva. Le escribíamos una instrucción y esperaba el siguiente paso. Era una IA dependiente. Después se volvió más útil: empezó a analizar información, detectar patrones, resumir conversaciones, comparar opciones y recomendar acciones.

Pero la IA ya no solo responde. Ahora puede integrarse a herramientas de trabajo, leer conversaciones, dar seguimiento a pendientes, consultar información, abrir tareas, actualizar documentos y detonar acciones. En pocas palabras: empieza a comportarse menos como buscador y más como colaborador.

Ahí aparece una pregunta para muchas empresas: ¿cuánta libertad le vamos a dar?

Porque no es lo mismo pedirle a la IA que redacte una respuesta, a permitirle enviarla. No es lo mismo pedirle que detecte un atraso, a dejar que reprograme entregas. No es lo mismo pedirle que analice una conversación, a darle capacidad para asignar tareas, mover fechas o comprometer acuerdos con un cliente.

El problema no es que la IA actúe sola. El problema es que actúe sin reglas o, peor aún, que esas reglas ni siquiera existan dentro de la empresa.

Antes de delegarle tareas a la IA, una empresa debería hacerse las mismas preguntas que tendría que hacerse antes de delegar en una persona: ¿es una responsabilidad clara y hubo capacitación previa?, ¿la acción es reversible?, ¿implica costo?, ¿puede afectar la operación, las finanzas, los clientes, los contratos o los datos sensibles?

La tercera ola de la inteligencia artificial no será solo más velocidad. Será más autonomía.

Y aquí viene la parte incómoda: muchas empresas quieren poner agentes de IA antes de aprender a delegar bien en sus propios equipos.

Si tu empresa todavía depende de que todo lo autorice el jefe, si no tiene procesos claros, si nadie sabe qué puede decidir solo, qué debe consultar y qué tiene prohibido tocar, entonces la autonomía de la IA puede esperar.

Antes de implementar agentes, automatizaciones o herramientas con capacidad de actuar, define procesos que respondan tres preguntas básicas: ¿esta tarea ya tiene un proceso que seguir?, ¿la acción se puede revertir?, ¿el impacto permite que la IA actúe sola?

Si la respuesta no está clara, la IA no debe ejecutar. Debe recomendar.

Porque el mismo criterio que usamos para delegar en una persona debe aplicarse a la autonomía de la inteligencia artificial: primero claridad, después límites y solo entonces libertad para actuar.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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