Política

Lemus debe ser revocado por “Mundial caro”

Hay declaraciones que no buscan explicar la realidad, sino competir con ella en el terreno de lo absurdo. El diputado del PT, Leonardo Almaguer, decidió que el responsable de los precios de los boletos del Mundial es nada menos que el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus. Porque claro, en algún punto —que nadie más conoce— el mandatario estatal adquirió facultades sobre la economía global del fútbol.

Lo más llamativo es el contexto en el que surgió semejante afirmación: una rueda de prensa donde se exigía la revocación de mandato de Pablo Lemus. Es decir, no solo se trataba de cuestionar su gestión, sino de construir argumentos que justificaran esa exigencia, aunque para ello hubiera que responsabilizarlo de decisiones que ni remotamente pasan por sus manos.

La lógica es fascinante: si algo es caro, alguien local debe tener la culpa. Poco importa que los precios de los boletos sean definidos por FIFA, una organización internacional que difícilmente consulta con gobiernos estatales para fijar tarifas. Pero aceptar eso implicaría renunciar a la tentación de politizar cualquier tema, incluso uno tan evidentemente ajeno.

Por si fuera poco, el diputado decidió enriquecer el argumento con una comparación salarial. Nos explicó que en México el salario mínimo ronda los 9 mil pesos, mientras que en Estados Unidos puede alcanzar los 20 mil. Un hallazgo que, sin duda, debe haber sorprendido a economistas de todo el mundo. Nadie lo había notado: vivir en países distintos implica condiciones económicas distintas.

La comparación, además de obvia, es profundamente tramposa. Porque si vamos a hablar de salarios, también habría que hablar del costo de vida, del tipo de cambio, de los sistemas fiscales y de una larga lista de factores que hacen imposible equiparar cifras de forma tan alegre. Pero eso ya implicaría un nivel de análisis que claramente no era el objetivo.

Lo realmente interesante es cómo se construye el discurso: se toma un problema real —lo caro que resulta asistir a un Mundial— y se le asigna un culpable conveniente. No importa que no tenga relación directa, lo importante es que suene contundente. En política, a veces la precisión estorba y la narrativa manda.

Y así, el debate público se llena de declaraciones que no buscan soluciones, sino titulares. Porque es más fácil culpar a un gobernador que explicar cómo funciona la economía de un evento global. Es más rentable indignarse que informar. Y es más cómodo simplificar que asumir la complejidad.

Mientras tanto, los aficionados seguirán enfrentando precios elevados, no por decisiones locales, sino por la lógica de mercado de un espectáculo global que vende experiencias, no accesibilidad. El Mundial no es un servicio público, es un negocio, y uno de los más lucrativos del planeta. Pero eso, claro, no suena tan atractivo en conferencia; es mejor pensar que todo podría resolverse con una llamada desde Casa Jalisco. Total, cuando se trata de hablar por hablar, los límites son lo de menos.


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Rubén Iñiguez
  • Rubén Iñiguez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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