La censura tiene multiformas de operar: la prohibición directa o indirecta; los métodos o recursos empleados también: advertencias, amenazas, intimidaciones, chantajes, adulaciones, compra. Y el mejor recurso, el más efectivo, es cuando estimula el temor, el miedo e incluso el pavor a perder algo o no conseguir alguna aspiración. Con ello, el censor siembra lo necesario para la autocensura, con la cual tiene un margen para evadir responsabilidades.
La autocensura, la más efectiva, se teje poco a poco, creando condiciones y clima de opinión sobre el censurado para que se autocensure y en su entorno el necesario para mantener las condiciones de miedo. La autocensura se va incorporando, asumiendo y justificando con rostro de responsabilidad personal y social. El cáncer de la censura hace metástasis y el enfermo la asume como parte de su condición inevitable, pues considera que es algo propio, asumiéndolo en un autoengaño de responsabilidad.
La “lista”, calificada como “negra” resultante y evidente en la presentación de la “Anatomía de un ecosistema de amplificación digital en México”, en la emisión del segmento-serie “Derecho de Réplica” durante la conferencia mañanera de la Presidencia de la República (continuación de la primera temporada “Quién es quién en las mentiras”), identifica y difunde a periodistas, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, actores políticos y partidos políticos como generadores de contenidos de diversa índole, como noticias, reportajes, opiniones, etcétera, los cuales son replicados en un “ecosistema mediático” a través de plataformas digitales, con un resultado nada cómodo para el régimen: una narrativa de la realidad que compite con las mañaneras y sus aliados mediáticos convencionales y digitales.
Si bien asegura la responsable del “ecosistema”, la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, que no se trató de una “lista”, su “ecosistema” descansa y se sostiene en la “lista”. Sin ella, no tendría sentido ni razón de ser lo demás. Por cierto, es un estudio que resulta ofensivo cuando hay temas qué indagar y explicar sobre redes sociodigitales que implican a reclutadores vinculados a actividades delictivas dirigidas para “apropiarse” de adolescentes y jóvenes.
¿Fue “lista” la “lista”? Estimo que no, pues evidenció más la política de comunicación del Poder Ejecutivo federal (propia de regímenes de una sola voz); una pieza que abona al estudio de la comunicación social y política. Una variante del “efecto Streisand”; o como se diría coloquialmente: “le salió el tiro por la culata”. Una “lista” de la “no lista”.
Pero no perdamos el panorama completo. La “no lista” tiene triple destinatario: Los identificados (a quienes expone y pone en riesgo), el sector social que requiere reforzamientos a sus convicciones de adherencia al grupo en los actuales espacios de poder público, y aquellos que busca recuperar al grupo de seguidores. Sigamos los efectos, sin excluir que habrá más mecanismos para la “lista” de la “no lista”.