La mayoría estamos familiarizados con las historias de gente que colapsa por tanto trabajo; sabemos del famoso “burnout laboral”, pero resulta que este término se ha trasladado al terreno sentimental, de ahí que muchas parejas afirmen que están viviendo un “burnout amoroso”, es decir, un agotamiento en su relación de pareja. Y esto no sólo lo veo con mis amigas sino con sus padres.
Este fenómeno se refiere a un desgaste abrasador que no surgió de una gran pelea o una infidelidad, sino de que ambos miembros de la pareja tuvieron necesidades que no fueron escuchadas, reconocidas y, por ende, nunca fueron satisfechas.
Algunos pasan por esto, pero lo evaden y viven infelices. Pero hay otras personas que lo hablan, pero se queman cuando el otro le resta importancia al asunto, siguiendo como si nada pasara; esto provoca un desbalance, donde un miembro de la pareja experimenta una insatisfacción emocional.
También existen personas más valientes, quienes buscan terapia de pareja y pueden salvar su relación, pero para que esto suceda debe existir voluntad de modificar algo, porque si alguno de los miembros no la tiene, entonces la ruptura será inevitable.
Este fenómeno se identifica fácilmente porque la relación se va quemando lentamente, tanto que la pareja sólo se comunica para hacer las cosas del hogar, coordinar los compromisos sociales, de los hijos o el trabajo; porque cabe destacar que esta problemática se presenta más en las parejas donde los dos laboran.
El “burnout amoroso” te lleva a una calle sin salida, donde los esfuerzos para mantener a flote la pareja se sienten como una enorme carga. Porque la desilusión es mucho mayor que el amor; es por ello que van desapareciendo las caricias y palabras de afecto, y aunque existan, ya no tienen efecto en la otra persona, porque ella está quemada, porque siente que ha puesto mucho sin ser correspondida.
De ahí la importancia de siempre agradecer en una relación, incluso aunque ésta termine, porque como dicen en la obra de teatro Siete veces adiós, que recientemente se presentó en Puebla”, ¡qué mayor acto de amor hay que decir gracias!