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Entre dos mundos

Una fórmula para la felicidad

Rosario Marín

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Al ver noticias del mundo parecería que casi todo es conflicto, crímenes, drogas, corrupción, desastres naturales, discriminación, racismo, hambre, segregación, terrorismo, discordia, autoritarismo, injusticia y pobreza, y también que los gobiernos y políticos son los causantes de dichos problemas cuando no todo es su responsabilidad: se vive una crisis de valores en la que el consumismo, la frivolidad, la violencia y el egoísmo se generalizan como las fuentes propicias para alcanzar bienestar personal y colectivo…

Por ello, es urgente recuperar principios éticos e inculcarlos a las nuevas generaciones para luchar por un futuro solidario, incluyente y justo, pues no todo —aunque sí muchísimo— es tarea de los gobernantes, sino del ámbito de los propios individuos, la familia y sus comunidades.

Y en este octubre que se cumplen 104 años del asesinato del ilustre patriota mexicano Belisario Domínguez, es pertinente recordar y parafrasear el código moral que nos legó con la fórmula VATE: cuatro letras de los elementos conductuales que propuso para buscar la felicidad en tanto que dependen del arbitrio de cada ser humano: Virtud, Alegría, Trabajo y Estoicismo (del libro Belisario Domínguez y el Estado Criminal, Horacio Labastida, Ed. Siglo XXI).

La Virtud consiste en hacer el bien y evitar el mal; es la luz esplendorosa que ilumina la conciencia y quien la asume por guía no sufrirá arrepentimiento ni la tortura del remordimiento…

La Alegría debe ser la inseparable compañera del hombre de bien; no es la alegría bulliciosa que deja lasitud o fastidio, sino el goce interior que nace de la tranquilidad del alma y de la satisfacción del deber cumplido…

El Trabajo es la más positiva y provechosa de las distracciones; quien no trabaja no puede ser feliz. Todos deben trabajar para ser cada día mejores por medio de la educación del cuerpo y del alma; el pobre para crear una posición desahogada para su familia y el poderoso y el rico para mejorar la suerte de los desventurados y de la sociedad en general…

El Estoicismo es la serenidad del alma que hace al hombre ser dueño de sí mismo, rechazando la impaciencia y la ira como malos consejeros y el miedo, el abatimiento, la aflicción y la tristeza como estorbos perniciosos que jamás ayudan a resolver una dificultad o mala situación…

Y el mártir chiapaneco, paradigma de la libertad de expresión, concluyó su sueño señalando: Tened siempre presente que la perfección no es de este mundo y debéis luchar constantemente con vosotros mismos para manteneros en el buen camino, porque todo hombre es pequeño y débil y a menudo cede a su flaqueza: sólo Dios es perfecto

rosariomarin978@gmail.com

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