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Domingo , 21.04.2019 / 14:27 Hoy

Columna de Romeo Ricardo Flores Caballero

¿Perdón y olvido? (II)

Romeo Ricardo Flores Caballero

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Octavio Paz en El laberinto de la soledad y Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México intentaron explicar la resignación de los nacionales; descubrir la esencia del ser que identifica a México, entenderlo, descifrarlo y definirlo en un análisis psicológico para comprender su conducta y el complejo de inferioridad.

Ahora los esfuerzos por destacar su cultura, sus idiomas y su importancia se formalizan, con relativo éxito, en el instituto indigenista. Sin embargo, su marginación sigue vigente. Los más de 10 millones de indígenas bilingües, que hablan más de 68 idiomas, viven en la marginación. Pocos han logrado integrarse a la dinámica de la sociedad del siglo XXI.

En los 500 años transcurridos desde la llegada de Hernán Cortés hasta nuestros días, la sociedad mexicana ha vivido una retórica nacionalista e independiente difícil de entender. Viven su nacionalismo dentro de un colonialismo interminable. Pasaron del colonialismo español al inglés, y de éste al estadunidense. En medio: el Imperio de Maximiliano. En todos estos años, los mexicanos han sido incapaces de definir su propio perfil, su carácter. Lo intentaron con la Revolución Mexicana, con mayúsculas, solo para sucumbir ante la herencia conservadora y la omnipresencia de sus vecinos del norte empeñados en imponer su sistema político y modo de vida.

¿Fue un choque o un encuentro de dos mundos? Los une el idioma español y la devoción guadalupana. El desfile de las señoras aristócratas de San Pedro Garza García, Nuevo León, ataviados con indumentaria indígena, como matachines, nos recuerda la herencia indígena. La prepotencia imperial de los españoles, como recuerdo de lo que fue, molesta. Y la inferioridad de los mexicanos desconcierta. La soberbia del conquistador y la sumisión del conquistado siguen vivos. Las heridas están abiertas.

Tanto el gobierno español como el gobierno mexicano han cometido abusos y arbitrariedades similares contra los pueblos originales. A esta distancia no parece difícil ofrecer disculpas por los desmanes de españoles, mexicanos y curas de ambas sociedades cometidos hace 200 o 500 años.

La discriminación sobre los indígenas sigue viva. Los mexicanos admiran al indio histórico, pero discriminan al indio actual. A los regiomontanos les basta con ir a la Alameda Mariano Escobedo un domingo para atestiguar del trato que recibe la población indígena de Zacatecas, San Luis Potosí, Oaxaca, Hidalgo o Chiapas.

Muchos no consideran desdoro que el rey, el Papa o el Presidente de México ofrezcan disculpas por los abusos o arbitrariedades cometidas hace 200 o 500 años por conquistadores, curas o mexicanos. ¿Usted qué piensa?

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