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Sábado , 20.04.2019 / 08:14 Hoy

Columna de Romeo Ricardo Flores Caballero

La ridícula migración

Romeo Ricardo Flores Caballero

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Las puertas que permiten la entrada y salida de mexicanos hacia Estados Unidos se abren o se cierran de acuerdo con los intereses del gobierno de nuestros vecinos. Los factores de atracción y rechazo (push-pull factors), que lo explican, carecen de valor para el mitómano que despacha como presidente en la Casa Blanca. Para Donald Trump y sus más de 60 millones de seguidores, el asunto es irrelevante desde el punto de vista humano y jurídico. Es el tema de la próxima campaña. Les importan las próximas elecciones y no perder sus privilegios de blancos, protestantes y conservadores.

Sin embargo, el análisis de una vecindad que tiene una historia de siglos, con una frontera de 3 mil 185 kilómetros, cerca de 50 ciudades, 15 millones de habitantes y un millón de cruces diarios, no debe reducirse a los estados de ánimo de Trump y tampoco a sus improvisados juicios de Twitter. Los lazos históricos no se olvidan. Aunque la migración se explica por muchos factores, los contactos familiares y el crecimiento desigual de ambos países, son básicos para comprenderla. La monarquía española mantenía un sistema monopólico y una sociedad piramidal donde la riqueza se concentraba en pocos.

La monarquía inglesa, por el contrario, creció con la Revolución Industrial, la proliferación del liberalismo y la economía de mercado.

Las leyes de migración eran distintas. La española cerrada y la estadunidense abierta hasta la Gran Depresión de 1929-1940. Tiempo en que la población mexicana, que contribuyera al desarrollo económico del sureste en la minería, la agricultura, la ganadería y los ferrocarriles, fuera deportada sin escrúpulos a México.

Sin embargo, México ha sido solidario con sus vecinos. Durante sus graves crisis, los mexicanos apoyaron a Estados Unidos en la Primera y Segunda Guerra mundiales, en la Guerra de Corea y aun en las guerras provocadas por su espíritu imperial durante fines del siglo XX. Sin embargo, los gringos no han reaccionado igual durante las crisis de México. Ahora, convertido en su chivo expiatorio favorito, México es una amenaza para su seguridad nacional, cuando antes era un pilar de su economía.

Los 12 millones que se reconocen legales en Estados Unidos pertenecen a una población que supera los 30 millones de mexicanos que ya son ciudadanos estadunidenses. Los que, a su vez, forman parte de 50 millones de familias mexicanas. Un universo que podría abarcar a 100 millones de almas. Así que juntos, políticamente hablando, constituyen un grupo de presión muy significativo, cuyo potencial aún no se ha utilizado.

Hasta ahora, los esfuerzos por controlar la migración han fracasado. Las leyes migratorias se convirtieron en amenaza desde la aprobación del Programa Bracero,1942-1964. La Operación Guardián fue un tema publicitario. La Ley Simpson-Rodino, de 1987, a la usanza española, se obedecía, pero no la cumplen los empresarios y los agricultores. El muro que propusiera Bill Clinton, en 1994, es el tema político fundamental de la campaña de reelección del presidente Trump. El proyecto, ahora contaminado por el tráfico de personas, de armas y de drogas, se ha complicado porque responde a las ofertas y las demandas de los malosos de ambos países. ¿Quién los controla?

Los flujos migratorios, por su parte, continuarán mientras existan los factores de atracción y rechazo entre ambos países. La migración es imparable. A los conservadores solo les importa las próximas elecciones y no perder sus privilegios. No la detendrán las barreras tecnológicas, ni las medidas represivas del gobierno de Estados Unidos. El muro de Tump debe entenderse como símbolo de la ignorancia, del racismo y la xenofobia, aunque vaya a ser, como él lo imagina: “Enorme, poderoso y hermoso”. ¿No cree usted?

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