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Martes , 23.04.2019 / 09:50 Hoy

Columna de Romeo Ricardo Flores Caballero

¿Perdón y olvido? (I)

Romeo Ricardo Flores Caballero

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El presidente Andrés Manuel López Obrador sorprendió al rey, al jefe de gobierno español y al Papa por el llamado a ofrecer una disculpa por los agravios cometidos por españoles y la Iglesia contra los pueblos originarios durante la Conquista, ocurrida entre 1519 y 1521 (aunque bien pudo agregar los 300 años de coloniaje). Más allá de las opiniones a favor o en contra y de calificativos y descalificaciones, y más allá de las reacciones formales de Felipe VI, el jefe de gobierno español y de los dirigentes de la sociedad mexicana, sorprenden las reacciones emocionales, acaloradas, duras, exaltadas, entusiastas o sensibles de mexicanos y españoles de muy diversos orígenes."Si se cree de verdad lo que dice, es un imbécil.

Si no, es un sinvergüenza", reaccionó Pérez Reverte. "AMLO debió enviar la carta a sí mismo", aseveró Vargas Llosa y Rigoberta Menchú dijo esperar una posible disculpa de España, "pues los indígenas siguen palpando violencia a 498 años de la llegada de los españoles a América". Las reacciones superan lo imaginado. Pero el asunto es serio. Al hacerlo, descubrió traumas profundos, problemas no resueltos de la conducta colectiva.

Cuando llegaron los españoles, México era un imperio: el imperio azteca. Con la Conquista, los indígenas se integraron al Reino de la Nueva España..Sus habitantes, de acuerdo con la jurisprudencia, tenían los mismos derechos que los ciudadanos españoles. Conquistadores y conquistados eran iguales ante la ley. Sin embargo, la muy poca población española analfabeta e iletrada vivió más de 300 años separada de la población indígena igualmente analfabeta e iletrada.

La igualdad era una ficción. En la realidad, los indios y los mestizos nunca llegaron a ser ciudadanos, ni a tener los mismos derechos que los peninsulares. El ejército y la Iglesia imponían las conductas sociales.

Los novohispanos conquistados, colonizados, marginados, discriminados, segregados, aislados, eran ciudadanos de segunda. Y como tal desarrollaron una mentalidad de incapacitados con un especial complejo de inferioridad del que no han podido escapar en 500 años.

Ambos exaltaban a sus ejércitos y exageraban su fanatismo religioso. Con la Conquista y la colonización, la espada y el arcabuz se impusieron a la cosmografía indígena. Millones de indios murieron en esta guerra. Sus herederos, los "despadrados", fueron convertidos a la religión católica por la fuerza. Cumplían así la misión "civilizadora" de los españoles y de su monarquía.

"Las repúblicas de indios", que se gobernaban con usos y costumbres, sobrevivieron los 300 años de la Colonia y han sobrevivido a los 200 años de la Independencia. Los españoles, lejos de entender sus idiomas, su cultura y su civilización, los destruyeron física y mentalmente al construir iglesias sobre templos y pirámides. Poco hicieron los gobiernos del siglo XIX, a pesar de que Benito Juárez llegara a ser el primero y único indígena en ser electo presidente de la República. Y en el siglo XX, ciertos gobiernos nacionalistas y algunos pintores clásicos como Rivera, Orozco y Siqueiros difundieron su historia dramática en murales. El gobierno, por su parte, destacó su enorme contribución histórica en los libros de texto...

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