Política

Si no hubiera asesinos, pues entonces…

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Imaginen ustedes, amables lectores, una isla paradisíaca poblada por gente que no tira basura. Ciudadanos provistos de un ejemplar espíritu cívico y deseosos de vivir en un mundo tan armonioso como agradable para todos. ¿Qué servicios públicos requerirían esos virtuosos ciudadanos? Pues, en lo que toca a la recolección de desechos no industriales, unas atenciones mínimas, apenas aquellas que se necesitan para quitar de los espacios públicos la tierra acarreada por el viento o la hojarasca que cae de los árboles. Y, bueno, lo que se genera en cada casa. Poco más que eso.

Sigamos con tan utópicas ensoñaciones y vislumbremos que en esa ínsula de personas intachablemente disciplinadas no existen, precisamente por su honrada condición, niveles excesivos de maldad. A lo mejor algún sujeto envidia al vecino de junto y otro desea secretamente a la mujer del prójimo pero la cosa no pasa de ahí: en la arcadia de nuestros sueños nadie roba ni mucho menos asesina a otros seres humanos. Entonces, hagámonos de nuevo la pregunta sobre la intervención, o la existencia misma, de fuerzas policiacas encargadas de garantizar la seguridad. ¿Cuántos agentes del orden se necesitarían en una comunidad en la que no ocurren raterías ni se perpetran homicidios? Un par, a lo mucho, y para repartir meramente papeletas a los autos que hayan sido mal estacionados por simple descuido.

Reconozcamos ahora que estas fantasías desconocen la naturaleza intrínseca de los individuos de nuestra especie, hecha, ciertamente, de altruismo y compasión pero también, como testimonia la historia, de una espeluznante violencia y de escalofriantes crueldades. Los relatos que nos llegan de los tiempos pasados no son otra cosa que registros de invasiones, guerras y escabechinas cuyo saldo final es la muerte de millones y millones de congéneres, perfectamente inocentes la gran mayoría de ellos.

Pero hay que resaltar, así de siniestro como parezca el panorama, que el proceso civilizatorio ha logrado transformar, para bien, a sociedades enteras. Y ahí es donde debe de ser aquilatada la realidad de una nación como México: un país, finalmente, es su gente. Algo hemos hecho muy mal, aquí, para vivir atiborrados de basura y rodeados de miles de asesinos.

Y, desafortunadamente, a estas alturas no basta con dos policías.


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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