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Martes , 19.03.2019 / 10:11 Hoy

Política Irremediable

¿No es hora ya de que expliquen (firmemente) lo de Ayotzinapa?

Román Revueltas Retes

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En la historia de Ayotzinapa sigue habiendo algo absolutamente insólito: la asombrosa incapacidad del Gobierno mexicano para explicar un suceso que debiera resultarnos totalmente entendible a todos, incluidos esos fuereños prejuiciadamente dispuestos a desconocer cualquier atisbo de razón oficial.

Por favor, señoras y señores, ¿no tiene lógica alguna la explicación de que los sanguinarios canallas de una banda criminal, en complicidad con unos cuerpos policiacos corruptos y salvajes, hayan podido asesinar a unos jóvenes por creerlos sicarios de una organización rival? ¿No hay testimonios? ¿No hay declaraciones? ¿No hay detenidos? ¿No hay un recuento pormenorizado de los hechos en voz de los mismos individuos que los perpetraron?

Por el contrario, ¿no resulta absolutamente extravagante la suposición de que los 43 (que ni siquiera serían ese número porque los restos de dos ya fueron identificados) están vivos, en algún lugar? ¿No sería descomunalmente absurdo que fuera el Gobierno quien los retiene cuando su desaparición es precisamente lo que sirve de pretexto a quienes quieren desprestigiar al régimen de Enrique Peña? Y, ¿por qué hubiera alguien, en alguna secretaría de Estado o en el mismísimo despacho de Los Pinos, decidido una acción tan irracional y desatinada? ¿Para qué? Digo, los asesinos, en cualquier novela policiaca, no matan a lo tonto sino siempre con un propósito. ¿Cuál sería el móvil, en este caso? ¿Qué ventaja estratégica habría de obtener un Gobierno al exterminar a 43 estudiantes, hoy, aquí y ahora?

Pues, miren ustedes, ocurre que lo inconcebible y lo improbable es lo que más verosímil le resulta a mucha gente, incluidos esos tales expertos interdisciplinares que, invitados por los mismísimos funcionarios gubernamentales que hubieran tramado tan descomunal desaguisado, se cierran a las evidencias, ignoran las pruebas de la policía científica y desechan deliberadamente los estudios realizados por otros agentes investigadores. Y así, se ha impuesto globalmente la versión de que el “sistema”, en el México del s. XXI, sigue cometiendo espeluznantes atrocidades. Peor aún: en la prensa internacional se escuchan las voces condenatorias de quienes, ofuscados por su exquisito humanitarismo y su noble sensibilidad social, no tienen reparo alguno en ignorar sesgadamente los testimonios que les ofrece la Fiscalía de la nación mexicana. ¿Y el aparato de comunicación del Estado? Pues, sumido en una increíble inacción…

revueltas@mac.com

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