Cultura

Del México indomable

  • Columna de Román Munguía Huato
  • Del México indomable
  • Román Munguía Huato

A los muertos también los habitamos

con nuestra alma, o quizá los

muertos nos habitan.

Los muertos son casi nuestra alma.

Están tan vivos dentro, son mucho

más que un recuerdo,

son presencias, intactos siguen

hablando y preguntándonos…

Verónica Volkow

México rulfiano donde no sabemos si los muertos están vivos o los vivos están muertos; pero el México se levanta insurgente contra la cultura de la muerte, no la del imaginario colectivo y lúdico del 2 de noviembre, sino de aquella muerte producto de la vileza del poder y del crimen mafioso. México bronco, insurrecto, levantisco, arisco, insumiso, revoltoso, subversivo, revolucionario. Es el México que lucha contra la injusticia y la desigualdad social, contra los agravios de la tiranía del poder y el dinero. Es el pueblo en lucha contra el despotismo del Estado canalla, de un régimen político neoliberal ilegítimo, fincado en el crimen y la corrupción. De un régimen cuyas altas esferas de poder están absolutamente putrefactas, que ha llevado al país al despeñadero de la ignominia y la vileza, destilando sangre por todos rincones del territorio nacional. Pero el México profundo, el de los de abajo, se levanta de hartazgo con dignidad rebelde contra una oligarquía criolla y extranjera y su gobierno. El despertar del México bronco, indomable, es lento, muy lento, pero podría levantarse rápidamente por sus demandas históricas, justas y legítimas de justicia y equidad social, también enarboladas por una paz segura y democrática.

Mientras el actual gobierno federal priista de Peña Nieto siga empeñado en mantener su política neoliberal con sus “reformas estructurales”, cuyos únicos beneficiarios son los grandes capitalistas locales y foráneos, habrá movimientos sociales contestatarios y en lucha en el campo y las ciudades. Movimientos insurrectos de campesinos, indígenas, magisteriales, de médicos y enfermeras, estudiantiles, barriales, populares, obreros, sindicales, etcétera. La gente del pueblo, la del pueblo humilde y trabajador, y la ciudadanía sienten la impotencia de hacer algo para cambiar el estado de cosas ¿Qué hacer? Esa es la cuestión fundamental que mucha gente se pregunta con el sentido común de quien visibiliza la descomposición social, la profunda y acelerada deshumanización del tejido familiar, comunitario y societario. El capitalismo salvaje en su paroxismo con toda su hiperviolencia descomunal de barbarie social.

Los estudios de la geopolítica mundial indican que históricamente hay ciertas regiones donde la violencia bélica es crónica, latente y manifiesta: por ejemplo, el Medio Oriente. Ello se explica por su historicidad con relación al desarrollo entre el capitalismo metropolitano, imperialista y el periférico, semicolonial y colonial. En México igualmente podemos tener una percepción de tal naturaleza, pues existen entidades y regiones convulsas, muy violentas, cuya historicidad es la de una pobreza social endémica, de poblaciones enteras sometidas a los cacicazgos locales, muchos de ellos **metamorfoseados al crimen organizado del narcotráfico con sus paramilitares y sicarios. Es la precariedad social, de la miseria añeja, de la desigualdad e injusticia social, del vasallaje al poder despótico local y centralista, lo que hace de estas regiones, especialmente las sureñas, propicias a la hiperviolencia social. La pobreza ancestral no solamente es una cuestión económica, también está determinada por un poder gubernamental autoritario de décadas interminables. Eso explica, por ejemplo, entre otras cosas, que Acapulco sea la segunda ciudad más violenta del mundo en una entidad con sus masacres impunes. El estado de Veracruz sigue sus pasos con un gobierno criminal. Jalisco tiene una inseguridad terrible.

La matanza y desaparición de estudiantes normalistas de Ayotzinapa en la funesta noche de Iguala despertó al México indomable. Es la búsqueda de justicia por sus muertos y sus 43 hijos desaparecidos que los padres, madres y familiares han construido una Asamblea Nacional Popular [ANP] para contribuir a la emancipación del México profundo. Y es la ANP la que ha creado una Comisión Nacional Provisional cuyo objetivo es coadyuvar a la unificación de un movimiento opositor democrático pacífico. El domingo pasado estuvo en Guadalajara la Caravana por Ayotzinapa, integrada por los familiares de los normalistas, para invitar a la gente a sumarse a su demanda de justicia que exige la aparición con vida de los estudiantes [MILENIO Jalisco, 10/08/2015, nota de Mariana Coronado Mendoza]. El evento en la Glorieta de los Niños Héroes estuvo organizado por la Coalición Popular de Jalisco [CPJ]. En dicho acto, Melitón Ortega, uno de los portavoces de la Caravana, externó: “No regresaremos a casa mientras este gobierno no haga algo, mientras no se castigue a los políticos y al gobierno, mientras no se esclarezcan los hechos, mientras no aclare el asesinato de Julio César Mondragón (normalista). Seguiremos recorriendo todo el territorio nacional, gritando por todo el territorio nacional… Hemos llegado muy lejos, a todos los rincones del mundo. No nos rendimos”. Es el grito plebeyo que clama dignamente por la justicia y nunca por la rendición al poder, a su corrupción y sobornos.

La CPJ está integrada por organizaciones en lucha de resistencia como la Federación General de Trabajadores del Estado y Municipios, de Trabajadores Democráticos de Occidente, de operarios del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado, del Movimiento de Bases Magisteriales [CNTE], de la Asamblea Magisterial Democrática, de médicos y enfermeras del IMSS, de académicos y estudiantes universitarios, de militantes socialistas. Ojalá esta Coalición mantenga su espíritu unitario y se constituya como una alternativa real de lucha local contra el neoliberalismo. La consigna de: “Ni una lucha aislada más” causa temor al poder gubernamental.

rhuato@gmail.com

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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