Cultura

La fiesta, el terror y la libertad

¡Parecen chilangos!, les grita Silverio a los cientos de jóvenes que fueron a verlo y a bailar con su pornoshow tecnokitsch. ¡Chinga tu madre! ¡Bájate, puto!, le contestan, jocosamente enardecidos. ¡Aborígenes!, grita alargando las vocales. Una súbita oleada de cerveza fría me latiguea el rostro y me impide ver por momentos, los que necesito para secar y limpiar mis lentes. ¡Pinches jalisquillos putos!, vuelve a provocar Silverio y la divertida rechifla se redobla. ¡Nomás me vinieron a ver la verga! Las mentadas y los silbidos arrecian. ¡Pues la van a ver!, amenaza el músico. Así será: pronto Silverio se despoja del brilloso traje plateado y se queda sólo en calzones, rojos. ¡Pinche panzón!, le grita alguien. El cuerpo del showman está lejos de parecerse al de un físico–culturista. ¡Pura pinche música para bombear!, grita y baila con ademanes simiescos, como si se cayera de espaldas, se rasura la axila con el micrófono, se lo mete bajo el calzoncillo. Brinca y se trepa a los teclados. Muestra el pene —un pequeño ejote blanco— un par de ocasiones. El olor a mariguana se vuelve cada vez más intenso. Suavecito suavecito, canta la voz electrónica de Laura León. ¡Ahí les va su dosis de cultura de masas, cabrones!, grita el artista. Agarra la parte trasera de los calzones y los ciñe entre las nalgas, como si fuera una tanga, o más bien un calzón chino. Al final de su frenético concierto se desnuda y arroja la breve prenda al público, como hacen las vedettes en el burlesque. Más mentadas y risas. Así, desnudo, camina como si nada del escenario a los camerinos.

¿Ustedes son fans de Silverio?, le pregunto a tres chicas apostadas en las vallas que separan al público del escenario. No, contestan y se ríen. ¿Entonces? Estamos esperando a Disidente, responden. A dos uniformadas de la empresa Seguridad Omega Especial les digo que deberían de meter a la cárcel a Silverio, ¿verdad? También, con risas, me dicen que mejor al manicomio.

La noche del sábado 14 la avenida tapatía Chapultepec se colmó de miles de jóvenes que fueron a disfrutar de su libertad, como lo han hecho antes en otros festivales 212, organizados por el megagestor cultural Gonzalo Oliveros, director de la estación radiofónica RMX. Una enorme fiesta de una civilidad ejemplar, en donde no se maltrata a las jardineras ni se tira basura. Bueno, casi no.

II. La noche anterior el Estado Islámico había sembrado el terror y la muerte en París. En barrios mestizos y de clase media, a las afueras de un estadio de futbol, en un lugar de conciertos: 129 muertos, 300 heridos. La barbarie contra la capital de un país que ha dado luz y civilidad al mundo. La civilización, como la conocemos, amenazada por los nazis del siglo XXI. Occidente, con sus imperfecciones y retrocesos, sus graves equivocaciones, tambaleándose ante un ejército de fanáticos con férreos simpatizantes en el corazón de Europa.

En El Bataclán el grupo Eagles of Death Metal daba un concierto cuando los yihadistas empezaron a ametrallar a decenas de jóvenes. El grupo había hecho una gira que culminó en Israel en el verano, y en ese viejo salón de conciertos se han organizado actividades a favor de ese país —el “ente sionista”, como lo llaman los terroristas árabes: atentados contra la decadencia occidental, ha dicho el Estado Islámico, y contra el odiado enemigo judío.

No han faltado las comparaciones entre los muertos de París y los de Ayotzinapa, los de México; tampoco los que culpan a Francia por su pasado colonialista y los que ven en Israel la causa de todos los males. Esa estúpida mezcla de corrección política, ignorancia y odio. Lo único cierto es que allá debe combatirse a muerte al fundamentalismo, y acá debe acabarse con la prohibición de todas las drogas. Volver a la civilización.

rogelio56@gmail.com

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Rogelio Villarreal
  • Rogelio Villarreal
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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