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Sábado , 23.03.2019 / 17:46 Hoy

Columna de Roberto Gil Zuarth

¿Por qué Cordero?

Roberto Gil Zuarth

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Acción Nacional vive tiempos complejos. Atravesamos por una crisis de gobernabilidad interna a causa de un profundo vacío de autoridad, no en el sentido formal de la autoridad, sino en la extensión moral del término: liderazgo que convoca, pacifica y concilia; institucionalidad que siembra orden en la vigencia irrestricta de las reglas, en el cuidado de las formas, en la juiciosa y responsable imparcialidad. El partido ha perdido sentido de ubicación porque es incapaz de liberarse de sus coyunturas. No ofrece futuro por causa de su extravío ético y de la ausencia de definiciones. ¿Qué representa el PAN en el contexto de la segunda alternancia? ¿Cuáles son los propósitos políticos, las motivaciones espirituales, como decían nuestros mayores, de la causa panista? ¿Cómo se proyectan nuestras idea de ser humano, de sociedad, de Estado, de economía social de mercado frente a los desafíos de la desigualdad, de globalidad, de interacciones en red, de cambio climático? ¿Qué tipo de oposición queremos ser? ¿Qué relación debemos guardar frente al gobierno y frente a los ciudadanos? ¿Cuál es, en suma, la narrativa y la estrategia de Acción Nacional para el siglo XXI?

En esta elección se trata de responder a estas preguntas y decidir si la vía es la continuidad, la reelección o el cambio como alternativa de unidad.

Mis propias respuestas las he encontrado en el proyecto de Ernesto Cordero. Una opción joven, fresca, que honra la mística panista y nuestra tradición de empeño cívico. Panista formado en el humanismo político, en la responsabilidad de gobierno, en la terquedad de la defensa de nuestras convicciones. Votar por Cordero es votar por el orgullo de nuestras victorias, porque él, como muchos, no está dispuesto a agachar la cabeza frente al vituperio de nuestros adversarios. No padece de ese síndrome de mala conciencia que aqueja a algunos que prefieren reivindicar un sitio en la historia para el presidente priista, en lugar de hacer la crónica, para recuperar en el futuro la confianza ciudadana, de lo que hemos significado como alternativa de gobierno. Tampoco le aqueja esa cerrazón acrítica del que no encuentra errores ni omisiones en nuestro pasado. Pertenece a una generación que reconoce el doble deber de convencer que fuimos y somos diferentes, esa generación que debe explicar y contextualizar las decisiones de ayer para sembrar esperanza hacia el mañana. Frente a quienes se sienten orgullosos de cogobernar con el PRI, Ernesto es de los que se siente orgullosos de haber gobernado con el PAN y, sin duda, prefieren hacerlo desde el PAN.

Ernesto entiende el valor del acuerdo y del consenso. Tuvo la responsabilidad de tomar decisiones desde el ruedo, de conducir navíos en los mares de la pluralidad, de exigir y ceder. Su vocación por la generación de bienes públicos no nació de pronto, en el escenario de una fastuosa foto con el poder en turno. No es de los que repentinamente recuperaron el habla para señalar, ya de vuelta en la oposición, que no hicimos todo lo que debíamos cuando fuimos gobierno. Jamás ha soltado la rienda del deber para después culpar a otros. Es por eso que Ernesto también sabe que ser oposición significa disenso, crítica, debate y contraste. Encabezar la agenda panista supone acordar y mantener el pulso sobre lo pendiente. Dejar constancia de lo no alcanzado. Señalar la deuda que otros dejan para con México.

Es el candidato convencido de la pluralidad que habita Acción Nacional y de que la gobernabilidad interna solamente puede generarse a través de ejercicios honorables de política. Está convencido de que técnica y diálogo son aliados inseparables de la eficacia en política; que el deber del PAN es fijar los raseros de la responsabilidad política de los que gobiernan. Es la opción que ofrece diálogo, acuerdos, por las buenas razones y por las nobles causas. Es la opción que nunca arrodillará al PAN por complacencia o displicencia.

Ahí está latente la mejor tradición de Acción Nacional: aquella tradición que pone la técnica al servicio de la política, la tradición que ofrece razones en la discusión parlamentaria, la tradición de la honestidad y el sentido de bien. Es el proyecto de las ideas claras: el empeño por las libertades económicas y la conciencia de que la mano visible del Estado debe coexistir con la mano invisible del mercado; de la defensa de las libertades políticas y de las rutinas democráticas; de la igualdad de oportunidades como antídoto de la desigualdad; de la procuración de seguridad y justicia como razón de existencia del Estado.

En las elecciones intermedias de 2015 el país discutirá, principalmente, el rumbo que ha tomado la economía bajo el mando priista. Ernesto ya dio resultados. Puso a la economía mexicana en una tendencia de crecimiento en medio de la crisis económica más grande que ha sufrido la humanidad. Ahí radica la preocupación central de los mexicanos: necesitamos un presidente nacional economista para dar la lucha electoral por una alternativa al estancamiento económico.

Ernesto Cordero va a estar a la cabeza de un PAN joven, moderno, unido y cercano. Un PAN que no rehúye sus deberes de gobierno, ni sus tareas de oposición. El PAN volverá a ser el referente de honestidad y convicción. El PAN será de nueva cuenta propuesta de futuro. Por eso, Ernesto será jefe nacional.

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