Política

Decadencia y lenguaje

  • Perspectiva Jurídica
  • Decadencia y lenguaje
  • Ricardo Cisneros Hernández

La decadencia moral y cívica es una de las causas de los males actuales; la mayoría atribuye la degradación al sistema, a los partidos, a los políticos y en general a toda figura de autoridad. Pero pocos son capaces de enfrentar las propias faltas y de hacer los mínimos esfuerzos para remediarlas.

Se habla de rescatar los valores pero, paradójicamente, muchos de los que luchan para detener la declinación de las costumbres agudizan los males polarizando la situación: los tradicionalistas y los fanáticos quieren imponer conductas anacrónicas; y los modernistas postulan la permisividad como remedio.

Afortunadamente, existen grandes hombres, como el Dalai Lama, que para superar la decadencia aconsejan la adopción y el cultivo de una ética que trascienda las religiones y los usos sociales; y recomiendan abrir la mente y considerar cada situación en su totalidad con una perspectiva de largo plazo.

El Dalai Lama no considera la ética como un conjunto de mandamientos y prohibiciones sino como un impulso interior de amor, compasión y respeto por nosotros mismos, por los demás y por la naturaleza; y dice que las claves son renunciar a la violencia, y un mayor grado de conciencia, educación y tolerancia.

De conformidad con el Dalai y con la ciencia, el instrumento eficaz que tenemos para cambiar y ser mejores es el cerebro, que puede adiestrarse en el arte de discernir entre el bien y el mal de manera natural y espontanea.

Se afirma que la disciplina de pensar bien puede cambiar nuestro cerebro para hacernos mejores personas. Así para que esa nueva ética surja y prospere la forma más sencilla y eficaz es asumir la disciplina de pensar correctamente. Eso requiere el esfuerzo sostenido de aprender y utilizar el lenguaje correcto tanto para pensar, como para manifestar lo pensado.

Así para debilitar los patrones del pensamiento negativo es necesario pensar bien; y pensar bien es indispensable para obrar rectamente.El escritor Felipe Garrido en una entrevista dijo: “Existe el derecho de no leer, el que no quiera que no lea”; pero, agregó: “Todos los que tienen la responsabilidad de enseñar están obligados a leer.

” Parafraseándolo, diré que existe el derecho de hablar bien o mal; pero los comunicadores, maestros y padres si queremos transmitir valores estamos obligados a hablar correctamente. El símbolo visible de la decadencia es el lenguaje incoherente y grosero.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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