El periódico cumplirá cien años el próximo 27 de septiembre, eso nos invita a reflexionar sobre la esencia y misión del periodismo ante el embate de las redes sociales.
Cada día es mayor la influencia de las redes en la opinión pública; pero es evidente que sus contenidos son, la mayoría de las veces, infundios, ocurrencias y ofensas.
Eso en vez de descalificar a los periódicos, los hace imprescindibles para que los lectores formen su criterio para calificar los hechos como verdaderos o falsos y tener conciencia de la realidad sociopolítica.
Los periódicos, cualquiera que sea el medio en que se difundan, requieren que directores, editorialistas, reporteros y articulistas ponderen la información, mediten su trascendencia y cuiden el lenguaje.
Sólo a través de observar los hechos y pensar en su significación, pueden los periodistas seleccionar y valorar los acontecimientos que merecen publicarse; y sólo mediante el lenguaje pueden transmitir la crónica o sus juicios sobre los mismos.
Así, pues, el pensamiento y el lenguaje correctos son las herramientas del periodismo.
Hanna Arendt dice que pensar es la facultad de juzgar, de distinguir lo bueno de lo malo, y el lenguaje es el medio para manifestar el pensamiento en el mundo exterior y en el mismo pensante.
Arendt señala que para Platón: Pensar es el diálogo silencioso que tenemos con nosotros mismos. En el periodismo son primordiales el ejercicio constante de pensar, de mantener el diálogo consigo mismo, y la capacidad de externarlo de manera correcta en los editoriales, noticias, crónicas y artículos.
Arendt agrega que las actividades mentales básicas son el pensamiento, la voluntad y el juicio. El periodismo debe de practicarlas para informar con veracidad y ser el antídoto contra la banalidad de las redes.