En la pirámide corporativa el puesto más alto es el de CEO. Ese perfil tiene la oficina más grande, el salario más robusto y la responsabilidad más alta. Pocos ocupan ese rol y como pocos entendemos lo que implica, sorprende cuando alguno habla de enamorarse de la empresa que dirige.
“Esta es una empresa que enamora. Llevo 25 años con mi esposa y 20 años con Holcim, son dos sociedades muy exitosas”, me dijo el CEO de Holcim México, Christian Dedeu.
Ese enamoramiento de la empresa hace todo el sentido porque detrás hay data dura de rentabilidad en el negocio: los colaboradores con mejor rendimiento están altamente comprometidos con la empresa y tienen una conexión emocional, según datos de Gallup. Además, para tener relaciones significativas de largo plazo con una persona o una empresa hay que poner en práctica habilidades, talento, resiliencia y conocimientos.
Enamorarse de la empresa es posible cuando esta tiene un propósito que hace vibrar. El de Holcim, ‘construir progreso para las personas y el planeta’, “trasciende lo financiero y a quienes trabajamos aquí nos moviliza, nos conecta”, me dijo el CEO. “Trabajar aquí no es hacer cemento”, añadió.
Si bien el entusiasmo y la conexión emocional con la empresa la necesitan todos los colaboradores, es compleja de conseguir cuando sólo uno de cada cuatro busca propósito y significado en su espacio laboral, es decir, está comprometido.
Esa falta de ‘enamoramiento’ hace el trabajo de la dirección general más difícil, pues es en esa oficina donde se definen los valores y se pone el ejemplo de cómo relacionarse con los stakeholders, ya sean los dueños, clientes, inversionistas, proveedores o reguladores.
Por eso disfruté mi entrevista con Christian, no sólo porque cada charla con un o una CEO me permite asomarme a esa experiencia, sino porque el hecho de que él siga enamorado de Holcim le permite una de las actividades más relevantes de una dirección general: mostrar su compromiso y con eso inspirar a más a tenerlo.
En la dirección general debe estar la persona que represente al máximo el propósito y los valores de la empresa. En eso no se puede fallar porque permea con velocidad a todos los colaboradores y pone en riesgo el negocio. Según Gallup, 70 por ciento de la variación en el compromiso del equipo recae directamente sobre el líder.
El CEO determina la mayor parte del éxito o fracaso en una compañía, debe tomar las decisiones más complejas y administrar las operaciones y los recursos. Su liderazgo implica crear un plan, alinear a todos en la empresa y encaminarlos hacia los objetivos. Para todo eso hay que estar enamorado de la empresa y su propósito.