Actualmente, existe una desinformación sobre el origen, y las posibles consecuencias que podría tener, se dicen que se ha logrado la recolección manual y mecánica de 889.4 toneladas de hidrocarburos, y esto no indica si se refiere a un producto específico de origen o contaminado. El término "hidrocarburos" se emplea para establecer una medición general de lo recolectado. Dentro de las toneladas registradas, es necesario desglosar componentes tales como emulsiones (aceite y agua de mar), chapopote, residuos de crudo envejecido, arena y sedimentos impregnados, restos vegetales contaminados y materiales utilizados en la limpieza. Es fundamental separar cada fracción para determinar el origen del hidrocarburo derramado y así orientar las acciones adecuadas. Este análisis no solo permite cuantificar los contaminantes removidos, sino también estimar el tiempo necesario para que el ecosistema recupere sus condiciones previas al evento.
Se puede confirmar que las 889.4 toneladas se refieren a residuos contaminados, incluyendo emulsiones, arena, sedimentos y chapopote, y no a petróleo puro depositado en las playas. El cálculo corresponde al peso total del material retirado, y no al volumen inicial del derrame.
Desde una perspectiva técnico-científica, resulta poco profesional basar la declaración de un gran derrame únicamente en imágenes satelitales. Estas imágenes solo muestran la presencia de hidrocarburos en el mar en un área determinada, pero no permiten cuantificar los barriles derramados a partir del origen del incidente. Sin información precisa sobre el volumen del derrame, las acciones de contención, tratamiento, seguimiento y control de posibles arribos a playas carecen de fundamento sólido, ya que se basan en estimaciones y conjeturas sin identificar el tipo de hidrocarburo involucrado. Esto puede aumentar los costos de remediación, siendo más eficiente conocer desde el principio el volumen y tipo de hidrocarburo para implementar medidas de contingencia oportunas. En pleno siglo XXI, no es aceptable que un país cuya producción marítima supera el 80 por ciento no cuente con protocolos efectivos para contener un derrame en menos de 72 horas, realizar un seguimiento adecuado y aplicar acciones que eviten su llegada a las costas.
Actualmente, en Estados Unidos se han perfeccionado los métodos para contener derrames en pozos tanto en aguas someras como profundas. Estas prácticas deberían integrarse a los protocolos existentes en la industria mexicana, ya que, ante incidentes como el supuesto derrame en las costas nacionales, las acciones correctivas generalmente se implementan únicamente después de ocurrido el evento, y ahora que pretende perforar en aguas profundas, existe el plan de contingencia ante cualquier derrame.
En Estados Unidos, la medición de derrames marinos se realiza mediante un proceso técnico, verificable y estandarizado. No se recurre a estimaciones visuales ni al análisis de fotografías. Este procedimiento se compone de tres etapas obligatorias: delimitación del área afectada, clasificación del tipo de mancha según su espesor y cálculo del volumen derramado. ¿México también emplea este método?
Los pasos operativos completo en forma general que realiza estados unidos son: La detección inicial (satélite, reporte marítimo, avión), sobrevuelo de verificación, Trazado del polígono, clasificación del espesor, cálculo del volumen (área × espesor), modelación de deriva del derrame en el mar, estimación de llegada a costa, actualización continua con nuevas imágenes, y reporte oficial continuos.
El protocolo indica que la empresa responsable, y por ley debe: pagar todos los costos, desplegar equipos de contención de inmediato, presentar planes aprobados, y cooperar bajo mando unificado.
En un derrame son importantes las primeras 72 horas, y es por eso que estos son los tiempos estándares que siguen en los estados unidos:
0–15 minutos: notificación obligatoria. La empresa o la persona que detecte el derrame debe reportarlo de manera inmediata al Centro Nacional de Respuesta. En México, dado que no existe un centro de esta naturaleza, se crea un comité interinstitucional para cada evento, esto puede llevar horas.
15–60 minutos: se activa el comando unificado, momento en el que la Guardia Costera asume el control (en México Semarnat-ASEA) y convoca a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), así como a las autoridades estatales del lugar donde ocurrió el derrame, al condado (municipio) correspondiente y a la empresa responsable. Cabe mencionar que en México este proceso puede requerir más de 24 horas.
1–6 horas: acciones iniciales obligatorias. Durante la fase inicial se realizan sobrevuelos y confirmación, delimitación del área afectada, clasificación del espesor según el tipo de hidrocarburo derramado, cálculo preliminar del volumen, despliegue de barreras y Skimmers, y la modelación de la deriva del derrame. En México, no está confirmado que este protocolo esté plenamente implementado. Estas acciones podrían requerir más de dos días, dependiendo de la disponibilidad y suficiencia de equipos por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) o empresas privadas, conforme al volumen estimado, además de la coordinación del comité implementado.
6–24 horas: implementación de medidas de contención activa mediante el despliegue de barreras adicionales, recuperación mecánica, aplicación de dispersantes (previa autorización), realización de quemas controladas (si corresponde), y emisión continua de reportes públicos. En relación con México, se plantea la interrogante sobre la existencia de un inventario de equipos disponibles para responder a derrames y si está garantizada una respuesta eficiente dentro de las primeras 24 horas.
24–72 horas: Estabilización del derrame, ampliación de la zona de contención, protección de áreas sensibles, despliegue de equipos adicionales, y actualización de volumen y trayectoria. Las primeras 72 horas son las mas importantes para un derrame, debido a que la falta de contención puede incrementar el costo de la remediación, y los danos al medio ambiente.
Estados Unidos implementa un sistema centralizado, eficiente y estandarizado para la gestión de incidentes, respaldado por una autoridad única de mando, asesoría científica especializada y protocolos definidos para la evaluación y el control de derrames. Por otro lado, México opera bajo un modelo colegiado que integra múltiples instituciones y procesos más extensos, lo que genera una respuesta menos uniforme.
En Estados Unidos, el proceso de estabilización de un derrame suele concluir en aproximadamente tres días. En contraste, en México este procedimiento puede requerir entre cinco y siete días, dependiendo de la región y la disponibilidad de equipos especializados para atender el incidente.
Respecto a los derrames ocurridos en el mar por razones operativas en áreas relacionadas con la extracción, producción y control de petróleo crudo y gas, así como las emanaciones naturales conocidas como chachapoteras en la zona de Cantarell (recordando que este campo fue descubierto gracias a la observación de dichas emanaciones por parte de un pescador), no se cuenta con el cálculo total del volumen derramado en barriles. A partir de esta ausencia de datos, es imposible determinar cuánto del crudo se ha convertido en emulsión, precipitación, evaporación, dispersión o contención mecánica, en caso de que se hayan implementado estas medidas. Por lo tanto, no es posible establecer si las más de 889 toneladas reportadas representan efectivamente la cantidad de crudo vertido. Por lo tanto no sabremos nunca el impacto real, y solo tendremos conjeturas hipotéticas.
Contener un derrame en el mar es siempre la opción más barata y menos dañina. Debido a que cada barril que llega a la playa puede multiplicar los costos entre 10 y 20 veces comparando con el costo de estabilización de un derrame y esto obliga a remediar ecosistemas sensibles en periodos de tiempo largos.
La industria de hidrocarburos genera contaminación tanto en las etapas de extracción como de utilización, aunque el impacto puede reducirse mediante inversiones adecuadas para minimizar los efectos. En caso de derrames en el mar, la prioridad consiste en su estabilización. Cuando el petróleo alcanza las playas, se mezcla con arena, agua y sedimentos, lo que complica y ralentiza significativamente las labores de limpieza, además de aumentar los costos y el daño ambiental. Es lo que actualmente esta pasando en las costas mexicanas, pueden poner miles de personas, equipos, monitoreo, y mensajes públicos, pero esto sale mas caro en su conjunto, y usa dinero que podría haber sido utilizado en otros rubros en el país, si hubiera una cultura de tener un protocolo que pueda ser activado los recursos en forma inmediata.
En Estados Unidos, existen empresas certificadas que operan como bomberos del mar, disponibles las 24 horas para atender cualquier derrame. Estas compañías disponen de embarcaciones, barreras y personal capacitado para intervenir de forma inmediata. La normativa obliga a la industria petrolera a financiar dichos servicios, en lugar del gobierno, lo cual asegura una respuesta ágil y profesional en pocas horas. En México, actualmente no se cuenta con una figura similar que garantice disponibilidad inmediata.
¿Se abordó adecuadamente el derrame reciente en México?