¿Qué significa estar hasta La Coronilla? En el lenguaje coloquial, estar en el último estado de tolerancia hacia algo. ¡Hasta la madre! ¡Ya basta! [A propósito y en concordancia con las campañas].
Creo que si la expresión no surgió de ahí, tiene mucho sentido deducir que así es.
El año de 1886, el día 18 de diciembre, las gloriosas tropas a las órdenes del coronel en jefe de la avanzada del ejército de Occidente Eulogio Parra, dieron a las tropas invasoras de Napoleón III, una sopa de su propio chocolate. Ahí murió el arrogante Sayan, jefe de la columna gala.
Justo es mencionar la participación y heroicidad de militares como Miguel Brizuela y como toda una pléyade de patriotas que no sucumbieron a la tentación de la traición.
Todo esto viene a colación, dado que de un tiempo para acá, suelo frecuentar el lugar de Óscar Riveroll [Usted lo lee seguramente en estas misma páginas]; aparte de o principalmente degustar su buen café, expresamente importado de Coatepec en Veracruz, la charla amena, a propósito de todo y de nada. Arreglemos el mundo de una vez.
Pues sí, el lugar se ubica ahí en el paseo de La Coronilla justo frente a la casona que habitó el gobernador, general Ramón Corona, por lo que se da la confusión, acerca del origen de la nomenclatura.
A un lado, por la calle de Morelos, del Colegio Luís Silva, en donde recibieron su primera educación innumerables tapatíos.
Me detengo en la puerta del recinto, miro hacia la arquería interior, los chicos, saliendo con desenfado, bromeando, gritando en actitud propia de la edad.
Entonces imagino en su paso hacia el café Madoka a Juan Rulfo y a Ramón Rubín, quienes departieron a veces de manera poco cordial, infinidad de ocasiones con el vate del exilio, el salmantino Pedro Garfias.
Me lo propongo, abordo mi vehículo y aprovecho el fin de semana y retorno de los paseantes, después de un prolongado viacrucis. Tomo la carretera libre a Barra de Navidad hasta llegar a Santa Ana Acatlán hoy de Juárez, ya que según me han ilustrado sus habitantes, el benemérito pernoctó ahí.
Me doy a la tarea de buscar La Coronilla, no sin antes batallar como Eulogio Parra y los franchutes, para localizar el sitio de la contienda.
Ya en el lugar a las faldas del cerro de La Coronilla, en donde existe una placa, columna conmemorativa, echo a volar la imaginación en medio de un calor sofocante y un sol resplandeciente.
Imagino como desde lo alto de la torre del campanario del templo de Santa Ana, un vigía lanzó la bengala en señal del inicio del ataque.
Dice el coronel Parra en su parte “Desesperados ya los franceses y viéndose atacados por la retaguardia, dieron una tercera carga que de la misma manera fue rechazada, por el referido valiente batallón. Entonces mandé cargar a la caballería de reserva y el enemigo que había quedado reducido a unos 150 hombres, tomó rumbo hacia la hacienda del Plan”.