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Jueves , 25.04.2019 / 03:39 Hoy

Umbral

Días después todo era desolación

Ramón Macías Mora

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Días después todo era desolación, los hombres barbados montados en bestias llegados del mar, no eran dioses, no al menos como la cosmogonía mesoamericana los concebía.

Tal vez ahora, cinco siglos después, los hombres que habitamos estas tierras, que se llaman México, debamos humillarnos y pedir perdón a los descendientes de celtas, godos y fenicios, por la afrenta consumada al conquistador Cortés, quien lloró como un niño, sentado en el inmenso ahuehuete de la noche triste. ¿Y las viruelas? ¿Y la peste? ¿Y la envidia? ¿Y la holgazanería?

Nosotros los de allende el mar, seguimos con la herida supurando leyendo las opiniones de los diarios peninsulares, parodiando las vejaciones, a judíos, gitanos, musulmanes, rumanos, sud saharianos, sudacas dicho sea de paso; centro americanos, ecuatorianos, peruanos. Latinos pues. Y, hasta uno que otro turista, paisano nuestro basculeado deshonrosamente contra la pared del antes aeródromo de Barajas hoy Adolfo Suárez. A su arribo a Madrid.

A los que ni remotamente se les restituirá la dignidad con la complicidad, que digo, alcahuetería de Vargas Llosa, Pérez Reverte y demás. Es más grave creo, la escoria, que sigue llegando a dar espejitos, eso lo aprendieron bien hace más de quinientos años y como dice la canción de Gabino Palomares [La maldición de Malinche] “Les abrimos la puerta y les llamamos hermanos”.

En las calles de nuestras ciudades de traza romana, herencia de los descendientes de Eurípides, vagan los desposeídos de pies descalzos, “A raíz”.

De mirada perdida por las largas horas de ayuno, ignorando toda la grandeza de una civilización devastada por la voracidad y la ambición de quien llegó sin que nadie se lo pidiera, sin invitación, aunque para el caso es lo mismo, si no hubieran sido los ibéricos, hubieran sido los ingleses, holandeses, portugueses, franceses, quienes si sucumbieron a las tentaciones coloniales, no sólo en América sino en África y Asia. Y la ignorancia referida, no es debido al silencio ominoso, sino por el analfabetismo inducido. ¡Ya basta!

¿Quién les pedirá perdón? A las cientos de rameras africanas que deambulan por las calles de Madrid, víctimas de los tratantes no de blancas sino de negras.

¿Quién les pedirá perdón? A las víctimas inocentes de Atocha quienes pagaron el precio de que sus líderes los inmiscuyeran en batallas ajenas.

No se rasguen las vestiduras entonces, porque hay mucho de qué y por qué pedir perdón.

“Es anacrónica” claman los agoreros de la discordia, pedir disculpas por algo que sucedió hace tantos años, como lo es, sin duda, pretender que los descendientes de Cuauhtémoc Iluicamina, de Cuhitlahuac y de la ahora reivindicada Marina; La Malinche se sientan orgullosos, así como para conmemorar tal afrenta, lo que entre otras cosas, hace doscientos años liberó a México del yugo europeo al independizarse de España de cualquier sometimiento.

No así a quienes excomulgaron a Hidalgo y a Morelos y a quienes instituyeron en México el Santo Oficio, ¿Fueron los Dominicos? Una disculpa tan anacrónica como mi columna. No a Ibedrola, OHL y Focus Abengoa.

Hasta otra.

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