Política

Prohibido enfermarse

Escuchar audio
00:00 / 00:00
audio-waveform
volumen-full volumen-medium volumen-low volumen-mute
Escuchar audio
00:00 / 00:00
Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

En estos tiempos difíciles he recordado que en la casa de mi infancia estaba prohibido enfermarse.

No lo decían así mis papás, pero el mensaje era claro: el que se enferma, a su cuarto y ahí, con unas medicinas, se las arregla. Hasta la fecha, ignoro si nuestra salud era de hierro o nuestros cuartos recintos blindados capaces de curar la enfermedad.

No les miento. Si le resto la alta vejez, cuando se desvencijaron hasta reducirse al polvo, mis padres nunca fueron a un hospital. No se usaba, te morías y ya.

Hablo de mi familia. Mi padre una vez enfermó y casi deja la vida en un hospital por una pancreatitis cuyas causas eficientes fueron el alcohol y los agobios que le provocaba Rubén Zuno Arce que, por cierto, sí estaba enredado con el narco, me consta, pero sigo.

Mi madre se aventó a pelo, así se decía entonces, menopausias y males hormonales, y hasta un pequeño accidente vascular que le dejó la boca chueca uno o dos meses; luego, su boca volvió a ser la misma que me besaba en las noches antes de dormir. Ni de chiste el hospital. Salvo esos incidentes, prohibido enfermarse.

Cuando enfermé en mi vida adulta y tuve que pasar por hospitales, quirófanos y camillas me parecieron siempre una ofensa personal esas adversidades de la vida. ¿Y el cuarto blindado?, pensaba yo, antes de que la anestesia hiciera su efecto.

Uno llega a creer algún día que heredará la fortaleza, o la debilidad, de su padre y su madre. Error. Nada que ver: no se hereda el azar, la genética no decide a nuestro favor ni en nuestra contra. Pero en casa se sabía: prohibido enfermarse.

Un ejemplo sencillo: nunca fuimos, hasta muy avanzada edad, al dentista. ¿No me creen? Mi madre tenía una placa preciosa completa pegada al paladar y mi padre se fue quitando diente tras diente con los dedos índice y pulgar hasta quedar chimuelo. Qué facilidad para arrancarse los dientes. Yo ya era adulto y me quedaba frío cuando mi padre decía: mmm, se me cayó otro diente; para él todos eran dientes.

No nos critiquen demasiado; sí, fuimos una tropa de gitanos salvajes. Prohibido enfermarse, digo en las madrugadas, a eso de la cuatro de la mañana, cuando despierto con miedo.

rafael.perezgay@milenio.com
@RPerezGay

Google news logo
Síguenos en
Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.