Está más que justificado el repudio generalizado con el que sus fieles seguidores despidieron a los jugadores y al entrenador de los Pumas, ayer domingo en el Olímpico de la Ciudad Universitaria.
Y es que teniendo el pase a la Liguilla en sus manos, a falta de un partido para que concluya la fase regular del torneo, un triunfo era el resultado que tenían que obtener. Y no había rival más propicio para dar paso a ello que el FC Juárez que los visitaba. Uno de los equipos más flojitos de la Liga, pero además uno con un comportamiento terriblemente malo lejos de su estadio.
Pero no. Siendo que tuvieron la capacidad para irse al frente e ilusionar todavía más a su hinchada, se dejaron empatar… Fallando además un penal.
Ahora los Pumas se quedan con 23 puntos y tendrán que cerrar la fase regular del campeonato contra el Pachuca, de visitantes. Aun si ganaran ese duelo tendrán que esperar el resultado del Monterrey, que será local contra el Atlas, que no tiene ya nada que pelear.
Pumas entregó su pase a la Liguilla, que siempre salva el torneo de un equipo, casi con toda seguridad al Monterrey. Ante su hinchada, contra el rival preciso.
Me llama la atención que un sector de los que protestaron ayer exigió el regreso de Guillermo Vázquez a la dirección técnica del equipo. No sienten estos aficionados que el español Miguel González Míchel, recién llegado a inicios del presente torneo, esté aportando algo bueno.
A mí me parece que seis meses son muy poco tiempo para que un entrenador recién llegado dé resultados. Y me parece también que el problema de Universidad no pasa por la dirección técnica. Cualquier entrenador que esté o llegue resentirá la falta de presupuesto para tener un plantel que realmente pueda pelear por los títulos.
Lo que viene para Pumas es deshacerse de algunas de sus figuras para tener dinero y traer a otras. Nunca acaban realmente de reforzar y potenciar a su plantel.