Solo han transcurrido dos jornadas del campeonato, pero los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con un empate de visitante y un triunfo de local, mandan un mensaje esperanzador a sus millones de aficionados.
Bajo la tutela del argentino Andrés Lillini el equipo universitario muestra estructura y orden, al tiempo que un estilo de juego que les permite seguir siendo competitivos pese a la pérdida de dos jugadores básicos la temporada pasada: el mediocampista Andrés Iniestra y el delantero Carlos González. Ambos tuvieron que ser vendidos para que el equipo pudiera ingresar dinero que les permita darle viabilidad financiera a la institución. Y en su lugar, hasta ahora, se le ha dado espacio a canteranos, a los que Lillini conoce muy bien.
No hay garantía evidentemente de que Pumas vaya a seguir ganando y muchos menos de que tenga el potencial para llegar a una final otra vez y ahora sí ganarla, mucho menos ahora que su otro goleador, el argentino Juan Ignacio Dinneno estará fuera de circulación cuando menos un mes.
Pero dudo mucho que los Pumas, pese a estas ausencias, se muestren como el cuadro desordenado y sin rumbo en que se ha convertido en unas cuantas semanas el Cruz Azul.
Una muestra de que en el futbol de pronto los entrenadores pueden ser tan importantes o más que los propios jugadores.
Los Pumas están marcando un rumbo que debe de verse hoy más que nunca como ejemplar. Es tiempo de ser selectivo con los gastos, es tiempo de saber producir jugadores y algo todavía más importante que eso, saberles dar minutos y protagonismo.
Habría que empezar a revisar quiénes son los responsables de la formación de jugadores en cada uno de los equipos de la primera división. Conocer, además de los nombres y las trayectorias de esos personajes, los recursos con los que cuentan, los modelos con los que trabajan, los sitios donde van a buscar a sus talentos.